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El ambulantaje

GUASAVE

El derecho al trabajo es, de los preceptos constitucionales, uno de los más preciados, pues permite en teoria el ejercicio de cualquier actividad lícita, sujeta sólo a leyes y normas que nuestra propia convivencia como sociedad exige.

De hecho, en la historia de la humanidad ha sido una lucha permanente por alcanzar el respeto a la dignidad de las personas. Como lo consigna en sus comentarios sobre el artículo 123, Emilio O. Rabasa: "El derecho al trabajo nació bajo ese signo".

Dentro de ese contexto filosófico, nadie debe ni puede coartar el mandato y que al poder público toca garantizar su cumplimiento y aun más, crear las condiciones para promover empleos estables y suficientes para un mejor y armónico desarrollo del país.

Sin duda en México por muchos factores no se han logrado cubrir las demandas que sobre oportunidad de trabajo se tienen, no al menos en la medida deseada lo que ha dado pábulo a que millones de paisanos a falta de un empleo fijo, busquen otras alternativas para resolver medianamente sus carencias básicas.

De lo anterior se deriva hasta alcanzar dimensiones extremas la proliferación de una serie de actividades laborales, verbigracia la instalación de negocios ambulantes, fenómeno que de alguna manera, y eso hay que admitirlo, ha servido como "válvula de escape" que ha puesto dique a problemas sociales más serios de los que actualmente se padecen.

Entonces, si partimos de la situación de que el ambulantaje es para nuestra economía regional, un "mal necesario", a su expansion no tendría nada que objetársele, pues al contrario ayuda en primer término a resolver el impresionante déficit que en materia de empleo existe y porque por otro lado no hay impedimentos legales para su operación.

Sin embargo, esencialmente el problema no radica en que haya muchos puestos, si no que el conflicto empieza cuando se soslaya la aplicación de los reglamentos y la autorización de los permisos para su instalación, se salen de control y caen en la anarquía como es el caso que se ha venido dando en Guasave.

Incluso la misma reglamentación del comercio en vía pública vigente establece con toda claridad que "es una actividad que deberá desarrollarse con absoluto respeto a los derechos de terceros", algo que aquí se ha venido omitiendo desde hace muchos, pero muchos trienios.

Ciertamente cuanta autoridad ha desfilado por el Ayuntamiento han hecho intentos por sujetar a los comerciantes de la vía pública, pero tan tibios, que no solamente no lo han logrado, sino que en contraparte, su número se ha venido multiplicando ante la inconformidad del comercio organizado para el cual representa una competencia desleal.

Habría que admitir que sería una injusticia privar a cientos, quiza miles de guasavenses de trabajar honestamente, pues si así se hiciera, seguramente se provocaría un problema mayor al que se pretendería resolver.

No obstante, tampoco es correcto que en aras de proteger al ambulantaje, se permita el desorden en el otorgamiento indiscriminado de permisos para su instalación al libre albedrío de los interesados, como ha venido ocurriendo.

En ese sentido, si antes, ninguna autoridad pudo ordenar esas actividades, sería oportuno que las actuales en estricto apego a la ley y los reglamentos, sin que ello riña con el derecho al trabajo, finalmente se decidieran a controlar el problema, si es que todavía es tiempo.