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El antidebate de la reforma energética

Ya quedó claro: la autonombrada "izquierda" no quiere debatir la legislación secundaria de la reforma energética. Tienen razón: discutir con seriedad equivale a aceptar la reforma constitucional aprobada por el Constituyente Permanente. Aunque Pemex y CFE no se privatizan, es más fácil confundir a la opinión pública y a sus clientelas con las consignas de cajón: "defendamos" nuestro petróleo y otras por el estilo. Esta "izquierda" no ha querido, no ha podido o no ha sabido construir una propuesta moderna y de avanzada que asegure la soberanía del Estado en un sector energético abierto a la competencia, que deja a los monopolios de Estado como algo del pasado.

La lógica de esta conducta perversa es tener "tema" para la elección del 2015. Sin embargo, esta forma de actuar deja a la sociedad desprotegida. ¿Por qué? Porque en una democracia se requiere contrastar posiciones: tesis, antítesis, síntesis. Sin discusión seria y a fondo nuestra democracia se empobrece. Y en este caso, el nuevo sector energético pierde la oportunidad de contrastar visiones de políticas fiscales en materia de hidrocarburos y de política energética.

¿Por qué Noruega y Canadá pudieron reconocer políticamente el fracaso de los monopolios energéticos, los cambiaron y les salió bien? ¿Por qué a otros como Rusia les salió algo peor? Los primeros tuvieron grandes e interesantes debates, incluso Brasil. En el segundo fue una avalancha sin un buen diseño institucional.

La regulación y supervisión de un sector energético con monopolios de Estado es relativamente sencilla comparada con una que busca mercados competitivos. Por eso Pemex y CFE se pensaron como organismos públicos descentralizados (opds), para hacerse cargo también de su regulación y supervisión. Por ejemplo, Pemex, al contratar y definir los términos de la auditoría de las reservas de hidrocarburos lo volvía también el "dueño" único de toda la información de las reservas. Fue gracias a la Securities Exchange Commission (SEC) y a la necesidad de recurrir a los mercados internacionales que las reservas se transparentaran bajo metodologías aceptadas internacionalmente. Al ejecutivo federal no le quedaba alternativa más que creer y confiar en Pemex.

Ahora con el nuevo modelo de participación privada, el Estado a través de la Comisión Nacional de Hidrocarburos, la Sener y la SHCP, tendrán que escoger a los mejores operadores para revertir la tendencia descendente en reservas y producción. Además tienen el reto de "no dejar dinero sobre la mesa" o de dar la impresión de que regalan dinero a los privados cuando existe una percepción de corrupción.

Precisamente por la desconfianza que impera es imprescindible el debate parlamentario de altura. Las nueve nuevas leyes y doce reformas a la legislación existente, desde luego que son susceptibles a mejorarse. Sin embargo, es más fácil salirse por la tangente y apostarle al fracaso para poder reclamar en las próximas elecciones los errores que ahora sí podrán verse. Por cierto, los errores de los monopolios de Estado no suelen comentarse ni criticarse, o ¿alguien reclamó la inversión por más de 230 mil millones de dólares en Pemex de 2001 a 2013 y la baja en reservas y producción?

El nuevo modelo de sector energético desde luego que no está exento de riesgos. Por ello la importancia de evitar trampas y errores como distraer a la CFE de su objetivo fundamental: generar, transportar y distribuir electrones, sin las pérdidas excesivas actuales. Si el gobierno federal ha aprendido algo en el manejo de redes con las telecomunicaciones, ¿por qué no lo aplica en el transporte y comercialización de gas natural? ¿Qué diablos tiene que hacer CFE ahí? ¿Hay una conspiración para evitar el descenso de las tarifas eléctricas?

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