Opinión

El culto a las redes sociales

Por  Guadalupe Robles

Sí. Hay un culto a las redes sociales. No es para menos. La gente consulta en promedio su celular más de 220 veces al día. De ahí saca su información, su verdad, su depresión y su ira.  Sus miedos. También sus juicios implacables a todo. A sus semejantes y al mundo. 
En las redes se encuentran los sentenciados eternos a la burla. Aquellos que por alguna razón, válida o no, pagarán ante esa masa hambrienta de escarnio y novedad. ¿De qué se les acusa? De lo que sea: una falta de ortografía, una equivocación en un discurso, una foto inoportuna. 
Las redes sociales es un tren desbocado. Pasa por el medio de nuestras plazas y nuestras conciencias. Nadie puede quedarse abajo. Estaría condenado al olvido y a la exclusión. 
A ese tren en marcha se suben los de ayer y los de hoy. No importan las edades. Muchos corren para alcanzar a subirse a uno de sus vagones; lo mismo un político que un atleta olímpico, un presentador de televisión o el trabajador de una vulcanizadora.
El usuario de redes es un ser polifacético: reproduce lo mismo un video asombroso de un equilibrista o el discurso de un niño en la ONU. Una fotografía familiar de un cumpleaños, o un meme sobre la derrota de la selección. 
Todos tienen que estar en las redes, es la sentencia. Todos tienen que saber lo que dicen las redes para estar informado. El mundo son las redes. 
Hemos perdido la atención de nuestros semejantes. Nos hemos convertido en ciudadanos de vista hacia abajo: ahí precisamente donde se encuentra nuestro celular. Ya no importa tanto el rostro de la persona que tenemos enfrente. Ni su conversación, ni la comida que nos ofrece.
La consulta al cel es el primer acto del día. Ahí está todo: despertador, agenda, noticias, recordatorios, comunicación con el trabajo y con la familia; todo a través de ese nuevo gobierno que son precisamente las redes. 
Nos hemos convertido en fotógrafos frenéticos. Queremos fotografiarlo todo: platillos, actos políticos, reuniones de oficina, los zapatos que boleamos, la cerveza que bebemos en el juego de beis bol. Leo que a Facebook se suben 250 millones de fotos diarias. ¿A dónde van tantas fotos?
Las redes son información infinita. También distracción infinita. Miedo. Alegría. Curiosidad. Zozobra. Morbo justificado. 
Leo a Gustave Le Bon y su libro “Psicología de masas”, que escribió en 1895. Dos de sus párrafos me detienen: “Conocer el arte de impresionar la imaginación de las masas equivale a conocer el arte de gobernarlas”
Y otro: “Ya hemos visto que las masas no razonan, que admiten o rechazan las ideas en bloque, que no soportan discusión ni contradicción y que las sugestiones que actúan sobre ellas invaden por completo el campo de su entendimiento y tienden a transformarse de inmediato en actos. Hemos mostrado que las masas, convenientemente sugestionadas, están prestas a sacrificarse por el ideal que se les sugiera. Hemos visto, por último, que no conocen más que sentimientos violentos y extremos. En ellas, la simpatía se convierte muy pronto en adoración y la antipatía, apenas nacida, se transforma en odio. Estas indicaciones generales permiten presentir ya la naturaleza de sus convicciones”.

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