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El destino de muchos pugilistas

MI PUNTO DE VISTA

Leía un artículo sobre la vida de Víctor Manuel Rabanales, aquel chiapaneco que alcanzó la fama y la gloria en el boxeo convirtiéndose en campeón mundial gallo, y que ahora vive en el abandono y la desgracia.

Tal vez no debería de extrañarme, porque la gran mayoría de quienes abrazan tan arriesgada profesión terminan exiliados de la sociedad, y peor aún, de aquellos que se dijeron sus amigos y que gozaron de su dinero mientras navegaba en la abundancia.

Para no ir muy lejos, en Culiacán conozco muchos casos al respecto, pero ninguno me ha impactado como los de Luis Fernando "Pringa" Hernández y Genaro León.

La "Pringa" no coleccionó grandes cantidades de dinero, pero sí un cúmulo de lesiones cerebrales que le impiden valerse por sí mismo. Fue campeón nacional Minimosca y sólo alcanzó a exponer una vez el título que perdió con Francisco "Cochulito" Montiel.

A Hernández lo arrojaron al ruedo en repetidas ocasiones contra auténticos leones del cuadrilátero. Daba la impresión de que buscaban aniquilarlo. Tengo muy fresco todavía en la memoria aquella noche en que lo enfrentaron con Cándido Téllez por la corona doméstica en el Revolución, donde a base de valentía y no de recursos técnicos, dio la gran –y única- campanada ganando por nocaut.

También recuerdo muy bien la noche en que Montiel lo hizo pedazos en cinco asaltos para arrebatarle el cinturón, apenas dos meses después de haberlo conquistado; de cómo se fue consumiendo poco a poco a consecuencia de peleas disparejas y hasta mal intencionadas.

Hernández fue arrollado por Pedro Rábago –en tres ocasiones-, la revancha con Montiel, Amado "Panterita" Ursúa, Germán Torres, Santiago Méndez entre otros.

Aquel chamaco que una tarde llegó al Revolución para presenciar una función del Torneo de Los Barrios de EL DEBATE, cargando una mochila y luciendo su uniforme de secundaria, se contagió del aroma boxístico y a la vuelta de dos meses debutaba en este certamen, sin saber que el destino le deparaba una mala jugada, envolviéndolo en las garras del alcohol y las drogas.

Sin nadie que le tendiera la mano, excepto la Policía Municipal que lo recogía de calles y parques deportivos donde pernoctaba, y que le abrió las puertas como entrenador durante una temporada, todavía hasta la fecha vive sumido en la miseria.

Monarca. El caso de Genaro León es casi idéntico, con la única diferencia de que llegó a ser el primer boxeador nacido en Sinaloa que fue a unos Juegos Olímpicos y que se coronó campeón del mundo.

León causó un tremendo furor en su debut profesional, abarrotando el Parque Revolución aquel 28 de septiembre de 1984, apenas 14 días después de que Julio César Chávez ganara el cinturón verde del Consejo Mundial de Boxeo en Los Ángeles bajo la batuta de Ramón Félix, el mismo entrenador que dirigió la carrera de Genaro un tiempo.

La carrera de Genaro fue tan meteórica como su desplome mismo. Nunca se topó con rivales de respeto como los que tuvo la "Pringa", y la oportunidad de ser campeón del mundo llegó al combate número 31, cuando derrotó a Danny García por el título welter vacante OMB en Santa Ana, California, cinturón que envió al bote de la basura, por el poco valor que tenía en ese año (1989).

Genaro fue atrapado por el alcohol y las drogas, estuvo varias veces en prisión acusado de robo, y se le vio en repetidas ocasiones deambulando por las calles como un mendigo, expulsado hasta por su propia familia a consecuencia de sus adicciones.

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Ayer Dios me permitió escribir estas líneas; hoy sólo ÉL sabe si podré hacerlo de nuevo.