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El difícil regreso al Estado regulatorio y al control de la ley

El tema central de la agenda de conversación de la gente sigue siendo la segunda muerte de un legendario líder criminal, años antes dado por caído entre tantos palos de ciego informativos y montajes mediáticos del gobierno anterior. También continúa a la cabeza de la agenda de los negocios el debate entre las élites de las telecomunicaciones y la televisión, ante el inusitado regreso del Estado regulador frente a los grandes poderes del sistema financiero y los sistemas privados de la comunicación pública.

Además sigue en el primer plano de la nota roja de cuello blanco, el catastrófico final de Oceanografía, muestra de las redes de corrupción tejidas por la nueva generación de políticos y empresarios de los sexenios panistas, entrelazadas, claro, con familias priístas, y varias generaciones de enriquecidos gestores particulares de la corrupción transexenal, como proveedores privilegiados de los sectores estratégicos del país.

Con menor atención de los medios mexicanos, que al ir ganando independencia en las últimas décadas, se embriagaron de escándalos nacionales y fueron banalizando o perdiendo el interés en el papel de México en el mundo, el presidente Peña Nieto concluyó ayer una gira por Ecuador, país al que no había ido un presidente mexicano en diez años, y por Chile, al cambio de poderes entre un gobierno de derecha y otro de izquierda moderada.

LA DISPUTA TERRITORIAL

Estos cuatro temas que dominaron la agenda de los medios en los últimos días describen el difícil camino del regreso al Estado, a su reconstitución y eficacia, tras el debilitamiento y la fragmentación del poder y del sistema políticos que siguieron a la ruptura del grupo gobernante en los noventas y a la primera alternancia que privó los doce primeros años del nuevo siglo.

La segunda muerte del legendario líder criminal apodado El Chayo, dado por caído hace unos años, con la recaptura, días atrás, del criminal apodado El Chapo —fugado, a su vez, en las primeras semanas de la primera alternancia—pusieron de relieve el relajamiento de las fuerzas de seguridad como una expresión más del poder fragmentado que entró en escena hace veinte años, así como la incapacidad gubernamental que se hizo patente en las nuevas condiciones de lucha política abierta que desde entonces envuelve la vida mexicana.

Ello subraya los grados de dificultad que ha enfrentado el gobierno de la segunda alternancia para recobrar la cohesión del Estado, empezar la recuperación del territorio nacional bajo control del crimen, a qué apunta la caída de esos capos, y devolver la confianza pública en las instituciones.

PONER LAS REGLAS

Y si el primer año de este gobierno el énfasis fue puesto en una construcción de acuerdos sin precedentes de los tres partidos principales para lograr reformas, también sin precedentes, hoy, con independencia de quién gane el debate entre las élites mexicanas de las telecomunicaciones y la televisión, lo único que no deja lugar a dudas es el impensable —hasta 2012—regreso del Estado y del sistema político a poner las reglas frente a los grandes poderes del sistema financiero y los sistemas privados de la comunicación pública. De igual forma, el catastrófico final de Oceanografía, y antes, la consignación del empresario responsable de los fraudes que llevaron a la quiebra a Mexicana, dejan ver a su vez una decisión de desmantelar, en los tribunales, las redes de corrupción tejidas por la nueva generación de políticos y empresarios de los sexenios panistas, entrelazadas con familias priístas, y sus conocidos acompañantes, los enriquecidos gestores particulares de la corrupción transexenal, como proveedores de los sectores estratégicos del país.

Y respecto de la recuperación de la presencia del país en el mundo, con su saludo al regreso de México a Latinoamérica, y hay que decirlo, a la relevancia internacional, parecería que un gobernante como Rafael Correa de Ecuador está leyendo mejor estas gestiones mexicanas que varios de nuestros medios.

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