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El discurso del 6 de marzo

POLITEIA

El 6 de marzo de 1994, el candidato del Partido Revolucionario Institucional a la Presidencia de la República, Luis Donaldo Colosio, pronunció, en el marco de una campaña que no alcanzaba a despegar, batallando con la mezquindad de adversarios que desde los más diversos frentes torpedeaban su candidatura y con el escepticismo y la incertidumbre de una ciudadanía y de una militancia priista que no alcanzaba a internalizar el estallido armado en el sureste mexicano, el discurso más importante de su vida.

Fue, sin duda, un discurso de época que ha sido comparado, tal vez con cierta desmesura, con la pieza oratoria de Martin Luther King en los años 60 en defensa de los derechos civiles de los afroamericanos, por más que sea posible advertir en ambos coincidencias en los sueños y aspiraciones de libertad, justicia y democracia.

Lo cierto es que el equipo que rodeaba al candidato formaba un auténtico think tank cuya impronta progresista se advertía de inmediato en un texto libertario y justiciero poco acostumbrado en las filas del priismo añoso, bastante refractario a lo que no saliera del tarro de las más puras esencias del nacionalismo revolucionario, cuyo largo ciclo histórico ya había empezado a tocar a su fin.

Tal vez por ello, por el entorno de turbulencias de aquellos momentos que parecían definitorios para el rumbo del país, ese discurso ha quedado ahí, como parte de nuestra memoria e integrado al imaginario colectivo como un testamento político que sigue teniendo validez plena.

Hay quienes sostienen, sin muchos asideros pero muy dados a visiones conspiracionistas de la historia y de la vida, que ese discurso significó la ruptura definitiva de Colosio con el entonces presidente Carlos Salinas, y que ello habría de costarle la vida 17 días después en Lomas Taurinas, en Tijuana. Sobre ello, suscribo plenamente lo que escribió hace unos días mi amigo Jorge Medina Viedas:

"No creo, nunca he creído que Carlos Salinas de Gortari haya ordenado la muerte de Luis Donaldo Colosio. Que fue fruto de un complot, eso quien sabe… los dos disparos en su cuerpo y, lo más importante, la perfección de la acción del homicida (o de los homicidas) son, entre muchos otros, elementos para seguir dudando de la verdad jurídica del asesino solitario."

Bien. Después de esta digresión, vuelvo al tema: decía que el discurso marcó una época, convulsa, difícil, compleja, del país, de la sociedad entera, de los partidos, del propio PRI. Se trataba de recuperar la confianza perdida en la capacidad de las instituciones para procesar los conflictos, y en la capacidad del PRI, ya no hegemónico, sino dominante en un régimen plural de partidos, para asegurar estabilidad política y gobernabilidad democrática.

Justamente en esa perspectiva se orientaba el discurso de Colosio. Eran los tiempos de la polémica propuesta salinista del liberalismo social, que creo ni el propio PRI compartía, pero que buscaba, alentada por el propio candidato, una redefinición ideológica, con un fuerte componente libertario y justiciero. Libertad y justicia: la vertiente liberal y la vertiente socialdemócrata.

Una síntesis que no alcanzó a ensayarse en México, y que sigue formando parte de nuestros pendientes.

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