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El dolor de la austeridad, remediado por la política keynesiana

Aquí vamos otra vez. Ahora hay una prensa llena de los sospechosos de siempre que afirman que la recuperación en Gran Bretaña demuestra que la austeridad fiscal después de todo no es contractiva, que el Fondo Monetario Internacional (FMI) se equivocó por completo, etc.

El economista Jonathan Portes, director del Instituto Nacional de Investigación Económica y Social, escribió recientemente una extensa crítica en el blog de la organización (puede leerse aquí: bit.ly/1l3n75z); la versión simple es que el gobierno del Primer Ministro, David Cameron, hizo mucha contracción fiscal en 2010 y 2011, pero luego redujo drásticamente el ritmo de la consolidación. Desafortunadamente, la incertidumbre sobre qué tan grande realmente es la brecha de producción de Gran Bretaña (la diferencia entre el PIB real y la capacidad de la economía) dificulta coincidir en una medida para la política fiscal, pero casi todas las métricas efectivamente muestran que la austeridad se estrechó marcadamente después de 2011.

Entonces, el gobierno adoptó bastante austeridad, luego dejó de aplicar más, y la economía británica empezó a crecer después. ¿Esto reivindica la austeridad expansiva? Para usar una analogía de la que me he valido antes, si me golpeándome la cabeza con un bate de béisbol y luego paro, empezaré a sentirme mejor; esto no significa que golpearse en la cabeza con un bate de béisbol sea algo bueno.

Si lee el artículo del Sr. Portes, verá que George Osborne, ministro de Economía y Hacienda, y otras autoridades británicas están recurriendo a ciertos sofismas al afirmar que el gobierno nunca ha cambiado su plan, por lo que sigue estando en el Plan A. Es una afirmación muy dudosa, pero en cualquier caso es irrelevante para la discusión macroeconómica.

El hecho es que Gran Bretaña ha aplicado mucho menos consolidación fiscal desde 2012 que la que aplicó en los dos años previos, por lo que el desempeño de la economía desde entonces de hecho es una reivindicación de las afirmaciones keynesianas, independientemente de las intenciones del gobierno.

Sobra decir, no espero que nada de esto haga mella en la visión de los austeritarios.

El estancamiento secular sigue siendo un riesgo en Estados Unidos

La Oficina del Presupuesto del Congreso (CBO, por su sigla en inglés) ha publicado su más reciente actualización presupuestaria para Estados Unidos, y como siempre es un documento de trabajo muy cuidadoso. Pero hay una cosa a la que realmente vale la pena poner atención; no es que el CBO necesariamente esté equivocado, aunque pudiera estarlo, y en cualquier caso la gente debería ser consciente de qué está impulsando las conclusiones.

Es así: la proyección del CBO tiene déficits bastante bajos en el corto plazo, pero empiezan a ensancharse en los próximos años. ¿Qué está impulsando el movimiento hacia el déficit? En un grado importante el pago de intereses, que el CBO ha elevado de 1.3 del producto interno bruto en 2014 a 3.3 por ciento del PIB en 2024.

Bueno, eso es lo que pasa cuando se tiene una deuda siempre creciente, ¿cierto? Entre más se deba, más alto será el pago de intereses, y así va la espiral, ¿no?

Falso.

El CBO presenta que la deuda se incrementa apenas un poco como porcentaje del PIB, de 74 por ciento en 2014 a 78 por ciento en 2024. Esencialmente, el aumento en la carga de intereses refleja el supuesto de que el costo de endeudamiento del gobierno federal aumentará marcadamente conforme la economía se normalice.

Pero mientras tanto, tenemos otra organización cuidadosa, el FMI, declarando que hay una tendencia descendente de largo plazo en las tasas reales de interés, que el estancamiento secular en un verdadero riesgo y que tasas no mucho más altas de las que vemos ahora pudieran ser la nueva normal.

¿Quién tiene razón? Estoy con el FMI, pero este organismo y yo podríamos equivocarnos. El punto clave por ahora, empero, es que el CBO no ha encontrado exactamente que los déficits empezarán a elevarse en pocos años; esencialmente ha asumido que las tasas de interés se elevarán mucho más de lo que creen muchos economistas, incluyendo a los del FMI.