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El drama de Peña Nieto se va pareciendo al de Calderón

Conversé ayer con nuestro compañero y ex director del Cisen, Guillermo Valdés, sobre algo que él había perfilado el miércoles en estas páginas: los mexicanos no piensan hoy que las reformas estructurales sean importantes.

Guillermo se apoya en el estudio trimestral de GEA/ISA difundido a finales de junio que, a grandes rasgos, marca que dos de cada tres mexicanos consideran poco relevantes para sus vidas las reformas educativa, energética, de telecomunicaciones, transparencia, financiera. La fiscal, reprobada abruptamente, es materia de otro análisis.

No deben ser buenas noticias para un presidente que ha invertido una gran porción de su capital político en concretar dichas reformas. Y ahora resulta que a la sociedad le valen pepino, si no es que las reprueba con desdén.

Hay en esto un maridaje con la experiencia del presidente Calderón, que empeñó capital, proyecto y prestigio en la guerra contra los criminales confiado en que "México" comprendería y se sumaría a una causa incontrovertiblemente noble.

Derrotado electoral y políticamente, Calderón tuvo cuando menos cifras parejas de aprobación ciudadana la mayor parte de su gobierno. El presidente Peña Nieto, en cambio, cierra el primer cuarto de su mandato debajo de 40 por ciento (tenía 55 por ciento al comenzar). Y con uno de cada tres mexicanos afirmando que no hay ningún acierto que celebrarle. Es muy duro.

Resta la batalla final de la reforma energética. Después sólo quedará determinar si lo peleado en el papel y las tribunas tocó con virtud a millones de mexicanos.

Y el tiempo será un lujo cada vez más caro.