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El efecto boomerang de la guerra sucia en política

Claro que no es fortuito que, justo en vísperas de su primer informe de gobierno, Quirino Ordaz sea blanco lo mismo de campañas mediáticas adversas que de una guerra alentada por la permisividad de las redes sociales, donde lo mismo suben falsas encuestas que noticias inexistentes cuyo propósito es el mismo: afectar la imagen del gobernador y, por ende, la del estado.

Minimizar toda acción que se emprenda desde la esfera oficial es el instrumento central de esta negra batalla. Ningún esfuerzo, por mayúsculo y hasta histórico que resulte, parece tener satisfecho a ese grupo de poder fáctico que se queja de todo, emana negatividad y extorsiona en aras de sus muy particulares intereses.

También las bandas criminales hacen su parte. No es descabellado aventurar que el súbito repunte de homicidios de alto impacto en días recientes, sobre todo en la capital del estado y en el vecino municipio Navolato, tampoco es casualidad. En octubre se registró el menor índice de asesinatos del año (96 casos, por primera vez menos de 100 en un mes), si bien la tendencia a la baja comenzó a observarse desde mayo. A alguien le interesa revertir ese logro.

Quirino Ordaz se ha mantenido firme en su postura de no negociar con los delincuentes, de manera que el descenso en la inseguridad solo se explica en función de los trabajos coordinados que Gobierno del Estado lleva a cabo con el Ejército, la Marina y la Policía Federal, desde luego con la participación de los cuerpos de seguridad estatales y municipales.

La guerra sucia contra Sinaloa y quienes nos gobiernan es animada por evidentes fines de desestabilización, pero los medios que dominan no parecen ser suficientes hasta ahora para sus fines. Al final de cuentas, Facebook es un espejismo, una burbuja liderada por una minoría interesada y regularmente convenenciera. Esa no es, de ninguna forma, «la voz de la ciudadanía», como no lo son algunos organismos creados para golpear y chantajear, pero que al final solo saben hacer ruido y ninguna acción palpable en beneficio de la sociedad.

Muchas, muy diversas y exponencialmente superiores en número, son las voces que emplean otras trincheras e instrumentos para expresarse; el más ilustrativo son las urnas. Los vociferantes de siempre no suelen «llenar un vocho» y, cuando por azar o por alguna alianza inconfesable ganan una posición, suelen decepcionar y jamás repetir la hazaña.

Todo esto viene a colación tras la visita que ayer realizó el gobernador Quirino Ordaz al Tecnológico de Culiacán. Dicen que los millennials son los más manipulables vía redes sociales, pero allí se demostró lo contrario. Esa parte cálida y divertida en la personalidad de Quirino hizo de un acto oficial una experiencia entrañable. Los estudiantes reían con sus bromas, le aplaudían, festejaban su actitud jovial. Recordaron que, en diversas ocasiones, Ordaz se presentó en la institución sin avisar (como es su estilo, para ver la realidad y no cómo le arreglan un escenario a modo) y les preguntaba qué era lo que más necesitaban. «Lo que prometo, lo cumplo», les dijo ayer el gobernador al momento de entregarles equipo informático, de laboratorio y material para sus talleres de estudio.

Por la tarde el mandatario recibió en su despacho a representantes del Comité Baluarte-Presidio para compartir con ellos el júbilo por los recursos sin precedente obtenidos para la presa Santa María en el presupuesto federal, conforme a la promesa que les hizo. Pero, les garantizó, esto no acaba allí: continuará la búsqueda de recursos adicionales para fortalecer esta obra estratégica.

Es bueno tener al mando del estado a una persona bien intencionada, pero también con carácter, mano firme y mente clara, que no cede a presiones innobles.

La política es, en buena medida, el arte de negociar. Quien sabe hacerlo, evita acuerdos con voraces, lo mismo que con quienes viven fuera de la ley en un sentido o en otro. Claro, también suelen ignorar a aquel que «no paga el tiro». Como para qué, piensa uno.