Opinión

El enemigo de la santidad

Por: José Martínez Colín

Para saber. El Papa Francisco nos previene contra un enemigo que lucha por impedir que consigamos la santidad: el demonio. No pensemos que el diablo es un mito, un símbolo, o solo una idea. Si pensáramos que no existe, nos descuidaríamos. Él no necesita aparecerse, sino que nos envenena con el odio, con la tristeza, con la envidia, con los vicios, queriendo destruir nuestra vida, nuestras familias y nuestras comunidades. Cuando Jesús nos enseñó el Padrenuestro quiso que pidiéramos al Padre que nos libere del Malo, un ser personal que nos acosa. Nos enseñó a pedir para que su poder no nos domine.

Para pensar. Una religiosa relató que presenció el exorcismo de un joven que tenía años de estar poseído por el demonio. En una sesión, el demonio exclamó furioso: “¿Por qué he de salir?”. Otra religiosa, asustada, invocó a la Virgen: “¡Santa Madre de Dios, rogad por nosotros!”. Al oír esas palabras, el demonio gritó más fuerte: “¡María! ¡No pronuncies ese nombre, que me hace estremecer! ¡Si hubiera una María para mí, como para ustedes, no sería lo que soy! Para mí no hay María”.

Para vivir. Y para luchar, el Papa nos señala las armas poderosas: la fe que se expresa en la oración, la intercesión de la Virgen, la meditación de la Palabra de Dios, la Misa, la adoración eucarística, la reconciliación sacramental, las obras de caridad, el empeño misionero… Aunque el camino de la santidad requiere que estemos “con las lámparas encendidas” y atentos, sin embargo, no es camino de miedo, sino fuente de paz y de gozo, sabiéndonos acompañados y amados por el Señor.