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El fin de un sueño

MI PUNTO DE VISTA

Terminó el sueño mexicano de la manera más abrupta e injusta para muchos. La marcación de un penal, aparentemente inexistente, cortó de tajo la ilusión de millones de compatriotas que nunca antes se habían emocionado y sentir tan cerca del famoso quinto partido en un Mundial fuera de casa, y algo más.

Si fue o no penalti el que el árbitro portugués marcó sobre Arjen Robben, lo cierto es que no toda la culpa fue del juez principal Pedro Proenca. Tenemos que aceptar que la selección perdió el control del extraordinario partido que ofreció más allá de su solitaria anotación.

México renunció al ataque, cedió el balón y fue conformista con ese 1-0. De pronto, el mejor equipo sobre la cancha se volvió vulnerable, los holandeses lo atacaron por todos lados y vivieron siete minutos de pesadilla, tiempo que a los europeos les bastó para empatar y ganar.

Como aficionados mexicanos reaccionamos despotricando contra el árbitro. ¿Pero acaso no estaríamos hablando y pensando diferente, si el hombre de la ocarina hubiera marcado aquel penalti que le robó a la naranja mecánica en el primer tiempo?.

El patriotismo y sentimentalismo nos ganó y obligó a pensar y reaccionar de acuerdo a nuestra conveniencia. Es cierto, queríamos ver a México en cuartos de final, porque a manera de ser sincero, la selección tenía más méritos que Holanda por lo que había demostrado en la cancha, y no sólo en este juego, sino en los tres anteriores.

Veíamos a un equipo jugar sin precedente alguno.

Pero muchos de nosotros no tenemos memoria. Apenas unas semanas atrás, más de la mitad de esos millones de fanáticos estábamos inconformes contra el tricolor por la forma tan decepcionante como jugaron el hexagonal.

¿Cuántos de nosotros no dijimos, para qué van al Mundial si allá también el papel será ridículo y humillante? La clasificación de panzazo y obtenida contra un país cuyo futbol todavía está en pañales (Nueva Zelanda), tampoco terminó por convencer a los más exigentes.

Sin embargo, bastó empatar con Brasil –a quien nunca le habíamos arrebatado un punto en Copas del Mundo-, derrotar a Croacia y dominar tres terceras partes del partido, para sentirnos con derecho a reclamar un sitio y un reconocimiento que realmente no tenemos, pero que podría estar en proceso si se juega con esa voluntad.

México, amigos nuestros, jugó su mejor Mundial, de eso no tengo la menor duda. Pero no es el futbol al que estamos acostumbrados a ver. Sólo dejamos de ser ratones por un rato.

Consulta. Ahora más que nunca nos lamentamos que no exista ese apoyo de la tecnología del que tanto hemos insistido.

Sí, porque como dijera ayer en las redes sociales el amigo Ramón Elías Lau, "si se pudieran fincar responsabilidades por daños y perjuicios, la FIFA tendría que utilizar la tecnología para despejar dudas en las resoluciones del árbitro y de los abanderados". También señala que la ausencia de una justa y oportuna apelación, perfecciona un error de apreciación en un atraco que frenó toda posibilidad de que ganara el mejor, además de que no se cumplió con el famoso objetivo del juego limpio que tanto pregona y exige la Federación.

El común denominador de la Copa Mundial ha sido el arbitraje, sin lugar a duda. El certamen inició, continuará y concluirá afectando a equipos, por sus decisiones tan injustas como polémicas y crueles.

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Ayer Dios me permitió escribir estas líneas; hoy sólo Él sabe si hoy podré hacerlo de nuevo.