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El funcionario

POLIARQUÍA

De un funcionario se dicen muchas cosas. No siempre buenas, por supuesto. Y es normal. Es lo políticamente correcto. Nunca nadie formará una comisión de defensa de los derechos de los funcionarios. ¿O sí?

Como toda actividad en la vida, el servicio público tiene reglas. ¿Qué es lo que un funcionario nunca debe olvidar en su tarea? Aquí algunas ideas.

Sea consciente de lo que es ser funcionario. Usted ha decidido entrar a una profesión dura. A una competencia sin cuartel en la oficina o en cualquier otro lugar de trabajo. Sepa que cada compañero puede llegar a ser un gran amigo, pero nunca dejará de ser un competidor. No se crea el mito de que un funcionario no hace nada. Para no hacer nada en un trabajo, también se tiene que hacer mucho.

Enséñese a ser criticado. Un funcionario no puede andar investigando qué dicen de él los demás en lo privado. Bastante tiene ya con la crítica pública. Recuerde que toda acción por más noble que sea, tendrá un opositor esperándole. O muchos. La crítica endurece la piel y agudiza los sentidos. También desmorona los ánimos cuando no se tiene vocación. No pierda el tiempo reflexionando qué crítica es justa o injusta. O cuál constructiva o no. La crítica tiene diversos motivos. Simplemente atiéndala. Y actúe. O quédese donde está. En ambos casos siempre habrá consecuencias.

Aguante la presión de sus parientes. Usted no debe cuidarse sólo de sus enemigos (o de sus adversarios como luego les dicen). También debe hacerlo de sus parientes. No faltará algún cuñado que quiera pasarse un alto sólo porque usted tiene un cargo público. O saltarse un trámite sencillo nada más por el poder que le da ser su familiar. No deje que utilicen su nombre para afectar a otras personas. Desautorícelos ante posibles prepotencias. Aguante la presión de la comida de los domingos. Acostúmbrese a este reproche: "…ayudas más a otra gente"

Explique concretamente. Todo funcionario tiene que ser un pedagogo. El lenguaje de gobierno suele ser muy redundante. O rebuscado. A veces incomprensible. Hablar claro es lo más difícil. Es un proceso de depuración de ideas. Haga este ejercicio. Le ayudará mucho a que le comprendan. Orientará su intención de gobierno. No dé por hecho que todo mundo sabe lo que usted hace. Comience con eso: explique con claridad sus funciones y la importancia que tiene se cargo por más modesto que sea.

Lea las noticias. Esté enterado de lo que pasa en su entorno. Pero no en las horas de trabajo a menos que sea indispensable. Hoy las noticias recorren nuestras vidas a una velocidad asombrosa. Pero discrimine algunas notas. No lea todo lo que pasa, porque luego le faltará tiempo para trabajar. Infórmese principalmente sobre lo que compete a su responsabilidad.

Haga de la paciencia una religión. Para los ciudadanos que no están en el gobierno usted es su empleado. Y tienen razón. Tenga en cuenta que miles de ellos se sienten mal atendidos o ignorados. Usted debe saber atender a públicos desesperados por una respuesta de gobierno. Respuesta que los presupuestos, el burocratismo o la imposibilidad en ocasiones impiden. Nunca pierda la paciencia. El funcionario no tiene ese derecho.

No se queje. Nunca olvide que usted tiene empleo. Que usted es un privilegiado en un país donde millones no lo tienen. Por eso aguante. Si se la pasa quejándose, mejor deje el lugar a otro.

[email protected] twitter: @guadalupe2003