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El futuro de la ciudad (y del municipio)

POLITEIA

La ciudad de Culiacán, como prácticamente todos los grandes espacios urbanos, se ha ido edificando en una permanente fuga hacia delante, es decir, posponiendo el diseño e instrumentación de estrategias que den viabilidad, hagan más racional, civilizada y respetuosa nuestra convivencia, y además fortalezcan nuestra identidad y sentido de pertenencia.

No digo que sea una ciudad anclada al pasado. No, por el contrario, es una ciudad que ha experimentado en estos años un acelerado proceso de modernización, aunque no pocas veces aparezca como una desordenada acumulación de capital físico. Se trata de pensar la ciudad con un más amplio horizonte de visibilidad, darle racionalidad a su crecimiento, que permita una adecuada provisión de servicios y construir calles y avenidas que no sean en las horas pico gigantescos y enloquecedores estacionamientos.

Entiendo que hay una muy buena cantidad de municipalistas y gestores urbanos, al margen de las instancias burocráticas, que están dispuestos a entregar su mejor esfuerzo a una tarea prospectiva de Culiacán, o sea, cómo queremos ver la ciudad, cómo queremos que nos vean a los habitantes de esta ciudad en el horizonte de una generación, y empezar desde ahora a trabajar en ese propósito. Desde hace años tenemos una masa crítica muy talentosa que puede y debe ser convocada a esta tarea.

Dicho en otras palabras: hay que pensar en el futuro para no quedar atrapados por el presente. A ello puede contribuir el nuevo liderazgo de la vida pública municipal, entendiendo que el desarrollo local no puede hacerlo sólo el gobierno, pero que no se puede hacer sin el gobierno local. Su tarea, entonces, es convocar a todos los grupos que constituyan un factor real de poder y de saber a construir ese plan estratégico, que tiene que ser un plan público-privado.

Estamos viendo lo que ocurre con la ciudad de Detroit, capital mundial de la industria del automóvil, en suspensión de pagos en la peor bancarrota en la historia de los Estados Unidos, que ha perdido el 60 por ciento de su población desde 1950 (llegó a ser la cuarta ciudad de la Unión Americana), y que para salir un poco de sus apuros y quebrantos, ha decidido vender algunos de sus más valiosos bienes culturales.

Pero no es el único caso. Los Ángeles enfrentará en pocos años un drama similar. En su edición electrónica de hoy sábado 11 de enero, el diario español El País publica los resultados del estudio de una comisión ad hoc, en el que se señala que la ciudad "apenas se mueve cuando el resto del mundo marcha hacia delante." Estamos fallando –agrega el informe--, "en adaptarnos a las realidades del siglo XXI y nos estamos convirtiendo en una ciudad en declive."

Deberíamos vernos en ese espejo. Hay que pensar nuestros problemas, los de la 'polis' y la politeia, sin las anteojeras que impiden ver más allá del entorno inmediato. Los poderes públicos son los facilitadores del consenso. Ahí está la dirección política de calidad que necesitamos. La eficacia directiva del gobierno local. Pensemos en el futuro, que no se adivina, sino se construye.

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