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El horario de verano y la reducción deldeseo sexual

El anuncio del pasado martes por la tarde de que la comisión de energía del Senado de la República acordó por unanimidad eliminar el horario de verano en Sinaloa, ha sido celebrado por todo lo alto en el Partido Sinaloense. Y tienen motivos: reunió más de 200 mil firmas para que la iniciativa fuese considerada en la Cámara alta, construyó capital político, ganó clientelas, propició adhesiones y nunca quitó el dedo del renglón. En contrapartida, sus adversarios, ¡echados a la milonga!
Parecía –solo eso, por lo que se ve– una iniciativa destinada a no prender. Habiendo problemas por doquier que son en verdad relevantes para nuestra convivencia, un asunto como el del horario de verano, que siempre causa debate y genera lo mismo adhesiones que rechazos en muchas partes del mundo, no pasaba de ser una estrategia para mantener en tensión la vida interna partidista. Pero hete ahí que no: ciertamente se inscribía en un proceso de acumulación de fuerzas para consolidar una alternativa de poder.
El debate sobre si horario verano sí o no, es viejo. En Europa, por ejemplo, viene desde los años 40 del siglo pasado, y no está resuelto. El profesor español José María Martín Olalla sostiene que “es una discusión estéril y científicamente ridícula”. Es –sostiene—“un juego estéril. Podemos cambiar los relojes pero no la naturaleza”, pues “el día va a seguir teniendo 24 horas y las horas de luz van a seguir siendo las mismas”.
Me parece que en estas palabras está la clave del asunto. No sobredimensionemos las cosas ni exageremos los “argumentos”, porque es la peor forma de echarlos a perder. Los cambios de hora no son más que convenciones adoptadas sobre una base multifactorial, para utilizar una expresión que gusta al promotor de la iniciativa en Sinaloa. Ahí convergen criterios de orden científico, astronómico, político, cultural o productivo. Y en ello no nos va la vida. Simplemente las sociedades terminan acostumbrándose a esas decisiones.
En el caso del Viejo Continente, dice el astrónomo español Rafael Bachiller, director del Observatorio Astronómico Nacional, el horario de verano se aplica conforme las directivas de la Comisión Europea para armonizar los horarios en aquella región del mundo. Entre los argumentos favorables –como aquí— está el ahorro energético, aunque no suficientemente probado, y si existe, “es muy modesto”.
Entre los argumentos en contrario –igual que aquí también— están los desórdenes del sueño, la alteración del ritmo biológico circadiano y, fíjese usted, ¡“reducción del deseo sexual”!, además de cansancio intelectual, según habría dicho el promotor de la iniciativa de marras.
Y unos y otros argumentos tienen apasionados defensores, pero de ahí a decir que es una demanda de la sociedad sinaloense, me parece un despropósito, por decir lo menos.
De ahí que la posición que ha fijado el gobernador Quirino Ordaz Coppel me parezca muy sensata. En declaraciones a uno de los medios locales, dijo: “hay que ver qué ventajas y fortalezas nos da el cambio de horario. Como les digo,  todo lo que beneficie a Sinaloa hay que apoyarlo, y si eso beneficia, adelante”.