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El infierno de Calderón; la gloria de Peña Nieto

ITINERARIO POLÍTICO

Para los últimos diez gobiernos estatales —del PRI y del PRD—, Michoacán se convirtió en una suerte de sucursal del infierno. Ninguno de esos mandatarios —desde Cuauhtémoc Cárdenas hasta Fausto Vallejo—, pudo garantizar una gobernabilidad elemental. Más aún, en no pocos casos el gobierno michoacano fue la tumba política de esos mandatarios, en cuyas gestiones nació, creció y se reprodujo una de las bandas criminales más sanguinarias y depredadoras de la sociedad.

Pero Michoacán también fue lo más parecido al "infierno político" del gobierno de Felipe Calderón. ¿Por qué? Porque si bien Calderón arrancó su "guerra" contra el crimen organizado y el narcotráfico, precisamente en Michoacán, también la tierra natal de Calderón fue la cuna de uno de los más escandalosos fracasos del segundo gobierno azul; el de Calderón.

Dicho de otro modo; que si el PRI del siglo pasado y el PRD del nuevo siglo fracasaron en Michoacán, los gobiernos panistas de Vicente Fox y de Felipe Calderón también fracasaron en Michoacán. Fox fracasó por omisión, en tanto Calderón fracasó por una estrategia equivocada. Al final de cuentas, hasta hace poco más de un año, Michoacán había sido el infierno para los tres grandes partidos.

Lo curioso del caso, sin embargo, es que a 18 meses de iniciado el gobierno de Enrique Peña Nieto, Michoacán se pudiera convertir en una sucursal de la gloria para la gestión del primer gobierno priista del nuevo siglo. ¿Y por qué la gloria? Porque se podrá cuestionar todo lo que se quiera la gestión de Peña Nieto, pero lo cierto es que la estrategia seguida en Michoacán, ha dado los resultados que pocos imaginaron.

Y es que con el titular de Gobernación a la cabeza, el diseño estratégico empleado para Michoacán logró en meses lo que no pudo en todo el sexenio el gobierno de Calderón, lo que nunca imaginó el mandato de Fox y —sobre todo—, lo que nunca lograron los gobiernos estatales del PRD. Peña Nieto, Miguel Osorio y el comisionado Alfredo Castillo desmantelaron al cártel de "Los Caballeros Templarios", capturaron y/o mataron a todos los cabecillas —salvo el ideólogo, Servando Gómez, que aún está libre—, y van en dirección a desmontar el brazo político y empresarial del grupo criminal.

Más aún, como van las cosas en Michoacán, se podría decir que es cuestión de meses para que el clima de crisis en esa entidad resulte contenido y que viene el tiempo de la restauración del tejido social y de la normalidad política. Sin embargo, también empieza a llegar el tiempo de hacer las comparaciones y los contrastes para evaluar las diferencias entre el fallido gobierno de Calderón en Michoacán y el exitoso gobierno de Peña Nieto en Michoacán.

¿Cuáles son las diferencias? ¿Por qué el gobierno de Calderón no pudo con "La Familia Michoacana" y con "Los Templarios" en todo un sexenio, cuando Peña Nieto casi desmantela ese cártel en un semestre? ¿Por qué los militares de la Sedena, los marinos de la Armada y los policías federales del gobierno de Calderón, no hicieron lo que sí lograron los militares, los marinos y los federales del gobierno de Peña?

¿Existe alguna diferencia en la eficacia, lealtad y responsabilidad de aquellos militares, marinos y federales del gobierno de Calderón y la eficacia, lealtad y responsabilidad de los militares, marinos y federales de Peña? ¿Por qué el fallido Cisen de Calderón no dio los resultados del exitoso Cisen de Peña? ¿Por qué la PGR de Calderón permitió el fallido "michoacanazo" y la PGR de Peña es puntual con el debido proceso y con las pruebas para la persecución de los criminales vinculados con Los Templarios? ¿Por qué nadie habla de la responsabilidad, sea por omisión o comisión, de las instituciones del gobierno de Calderón, en el fallido "caso Michoacán".

En efecto, hasta hoy parece que en Michoacán asistimos al infierno de Calderón y a la gloria de Peña Nieto. Sin embargo, en justicia, se debe reconocer que buena parte de la diferencia es que hoy, el gobierno de Peña recurrió a la estrategia de avanzar en el límite de la ilegalidad —al usar a las autodefensas como aliados para combatir a "Los Templarios"—, y al enviar un inconstitucional comisionado como Alfredo Castillo, en sustitución del gobierno estatal, en tanto que Calderón prefirió el choque frontal de policías y ladrones.

Hoy pocos censuran que en Michoacán Peña Nieto haya preferido el camino del límite de la ilegalidad. El tamaño de la crisis lo justifica, dicen. ¿Que habrían dicho si Calderón camina por esa misma ruta? Lo habrían apaleado aún más. ¿O no?

www.ricardoaleman.com.mx twitter: @ricardoalemanmx