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Opinión

El ‘malo’ da lástima

Bandera

Por Rodolfo Peña Fárbel

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Se llama Manuel Andrés y no como le dicen, Andrés Manuel, así que con el apellido López Obrador, la costumbre política de usar las iniciales de los nombres es “MALO” y no AMLO. Este detalle de tan trivial apariencia es, en sí mismo, intrascendente, pero es muy revelador porque nos lleva al interior de la mente torturada y febril del simulador “transformador” que gesticula y pontifica en el Palacio Nacional, alardeando de sus grandes méritos y de sus grandes obras y proyectos materiales y humanitarios, con el choteado lenguaje demagógico populista liberal masónico revolucionario usado siempre con gran alarde ostentoso y muchas veces amenazador por todos los sediciosos agitadores que arruinaron a México a base de guerras civiles dizque “redentoras” y “progresistas”. Aunque no conocemos en detalle todo el conjunto de sus motivaciones, impulsos y obsesiones, es evidente que el principal motor de lo que dice y hace es una egolatría abrumadora quizás proveniente de un complejo de inferioridad acentuado, al que él ha encauzado con el lenguaje y las formas de las ideologías que ha adoptado para dar forma a su personalidad y su imagen, todo ello netamente izquierdista, entre cuyas habituales manifestaciones ha adoptado el feminismo y, últimamente, el indigenismo. En su conjunto todo eso es claramente contrario a la mexicanidad, tal como es la descripción de Benito Juárez, su principal inspirador que le impulsa a pasar a la historia con una idea parecida a lo que dijo un presidente municipal de Ahome hace algún tiempo: “con mi gobierno habrá un antes y un después”.

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