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Opinión

El “matrimonio” de AMLO con los empresarios

Por: Leo Zuckermann

Andrés Manuel López Obrador. | Agencia Reforma

Andrés Manuel López Obrador. | Agencia Reforma

Por varios lustros, la economía mexicana lleva creciendo un 2% anual. A veces más, a veces menos, en promedio eso. Lógicamente, los mexicanos queremos más. Es uno de los objetivos del nuevo gobierno de López Obrador. Para eso, necesita que los empresarios inviertan más. Esto explica por qué está tratando de “enamorarlos” para “casarse” con ellos.

Durante la campaña, a los grandes empresarios, agrupados en el Consejo Mexicano de Negocios (CMN), AMLO los caracterizó como parte de la “mafia del poder”, una “minoría rapaz” dedicada a explotar y saquear al país. Del otro lado, existía una natural animadversión a este candidato. Abierta o subrepticiamente, operaron en contra de la campaña lopezobradorista. En los dichos y en los hechos, hubo un claro rechazo entre ambas partes.

López Obrador no necesitaba a los empresarios para ganar. En un sistema de “una persona, un voto”, sus votos no cuentan nada. Al revés, en su discurso anti-sistémico, resultaba popular caracterizar a los hombres y mujeres de negocios, sobre todo los grandes, como parte de la “mafia del poder” que tenía postrado al país. Al lado empresarial no gustaba nadita esta retórica polarizadora.

Vino el primero de julio y la victoria apabullante de AMLO: más de 30 millones de sufragios equivalentes al 53% de la votación nacional. Las condiciones cambiaron ese día. Los empresarios requerían congraciarse con el nuevo Presidente y éste con ellos.

Ambas partes dicen, hoy, que es “por el bien de México”. Suena bien, pero es un discurso patriotero simplón. En realidad, las dos partes están en la búsqueda de defender y avanzar sus intereses. Los empresarios son “hombres económicos”. Lo que les mueve es el dinero, el bottom line, las utilidades. AMLO, por su parte, es un “hombre político”. Lo mueve el poder; la popularidad, el apoyo de las masas con el fin de mandar, dominar, imponer sus condiciones y dejar una huella histórica.

Ahora los dos se necesitan para lograr sus objetivos. Utilidades por un lado, poder por el otro. Se dijeron y se hicieron cosas desagradables en el pasado. Eso ya es historia. Ahora, según Alfonso Romo, el próximo jefe de la Oficina de la Presidencia, no sólo hay un acercamiento, sino un “matrimonio” que está en su luna de miel. Hace poco se mentaban la madre, hoy están enamorados. ¿Qué explica este cambio de 180 grados de una mala relación a la promesa de “hasta que la muerte nos separe”?

Respuesta: entre 60 y 80 mil millones de dólares al año de inversión privada que dejen buenos rendimientos. Esta cantidad es lo que, según el economista Raúl Feliz, requiere la economía mexicana para crecer un punto adicional del Producto Interno Bruto. Hasta ahora, como mencioné, nuestra economía ha crecido un 2% anual en promedio. Si quiere tener éxito como político, AMLO debe cambiar esta tasa. Pasar, por lo menos, al 3%. Idealmente, duplicarla al 4%. Y cada punto extra necesita entre 60 y 80 mil millones de dólares en inversión.

El sector público no los tiene. AMLO heredará una hacienda pública deteriorada. La inversión pública está en su peor nivel desde antes de la Segunda Guerra Mundial. La realidad es que no hay recursos, a menos que se incrementen los impuestos o la deuda pública, cosa que, afortunadamente, no quiere hacer el nuevo Presidente. Ergo: le urge capital privado para cumplir con su promesa de crecer más.

La inversión privada puede ser nacional o extranjera. Cualquiera demandará, para empezar, garantías a la propiedad privada. No es gratuito, en este sentido, que Romo haya caracterizado, en la presentación del programa de gobierno de AMLO durante la campaña, como “sagrado” el derecho a la propiedad privada. Luego, el propio candidato de Morena prometió que, de ganar, no habría ni expropiaciones ni confiscaciones.

Sin embargo, se requieren más condiciones para incentivar la inversión privada: un ambiente macroeconómico estable, mejores condiciones fiscales, desregulación, apertura de sectores cerrados de la economía y un largo etcétera. No obstante, a final del día, el “hombre económico” arriesga su dinero si le tiene confianza al “hombre político”. Por eso, el segundo debe “enamorar” al primero.

No sé que les habrá dicho AMLO a los empresarios del CMN la semana pasada. Todos, al parecer, salieron contentos. ¿Será que AMLO ya los convenció y decidieron matrimoniarse con él? En los próximos meses, ¿sacarán de sus chequeras miles de millones de dólares para hacer que la economía crezca más? ¿A cambio de qué?.

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