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El medio divino

COMALLI

En un septiembre lejano en el cronos, pero cercano en el kairós, Don Alfonso Poiré y Crespo, me regaló un libro de Teilhard de Chardin: El medio divino. En la dedicatoria me dice: "Ojalá que tanto Lonergan y tanto Levinas no obstruyan la frescura espiritual con la que hay que leer esta pequeña obra maravillosamente gratificante". Desde aquí, en el kairós, en el momento adecuado y oportuno, porque este es mi tiempo, le envío todo mi cariño a Alfonso. Sé que me va a regañar, como siempre, porque no escribo, pero para eso son los amigos, para recrear el momento histórico que se vive, sin intentar pasar al otro lado. Mi amigo es como es y yo soy como soy…un barbaján dice él. Estoy sentado frente a Teilhard de Chardin, y a mi lado Lonergan y Levinas, sin hacer ruido…Aunque no lo puedo asegurar. Así, en conmemoración al amigo, les comparto algunas de las ideas gratificantes del ilustre jesuita francés, que a lo largo de su vida y durante toda ella, en el contacto con la Tierra, ha encontrado el hechizo de un Medio Divino capaz de penetrarlo todo; algo así como un Fuego que poco a poco se extiende por el Universo: "Para unos, el Mundo se descubre como demasiado grande. El hombre se halla perdido en semejante conjunto; no cuenta…Para otros, por el contrario, el Mundo es demasiado bello: es a él a quien hay que adorar…Pero hay otros que se asustan de la emoción o de la atracción que produce sobre ellos, invenciblemente, el Astro nuevo que surge…No intentaré hacer Metafísica ni Apologética. Con los que quieran seguirme volveré al Ágora. Y allí, todos juntos, oiremos a San Pablo decir a las gentes del Areópago: «Dios que ha hecho al Hombre para que éste le encuentre, ? Dios, a quien intentamos aprehender a través del tanteo de nuestras vidas? Este Dios se halla tan extendido y es tan tangible como una atmósfera que nos bañara. Él nos envuelve, como el propio Mundo. ¿Qué os falta, pues, para que podáis abrazarlo? Sólo una cosa: verlo»". Termino brindándole un aplauso a mi amigo por tan grandioso regalo, y haciendo una invitación a ustedes estimados lectores a que, juntos, descubramos el Medio Divino en la convivencia humana, en esa interactuación des-inter-esada en donde el que menos importa soy yo que me desvivo por el que sufre y me asigna la tarea infinita de socorrerle. Te dije Alfonso, no los pude contener.

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