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Opinión

El misterio de un bolero a Álvaro Obregón: El olvido

Por: Rosario Oropeza

Ya estamos en septiembre, el mes más patrio y los festejos de la fundación de Culiacán, a honrar a nuestros héroes.

El general Álvaro Obregón Salido fue además de militar y empresario, nacido en Navojoa, Sonora, presidente de la República en 1920, una bomba le cercenó un brazo, y por ello le
apodaban el manco de Celaya.

Era un hombre sencillo, quien se daba tiempo para visitar con frecuencia su estado de origen; en Guaymas lo veían con mucha familiaridad, en una ocasión fue a Bacochibampo, a donde
se sirvió un banquete en su honor.

Por la tarde caminó por la plaza del lugar donde disfrutó del aroma de las flores y del canto de las aves, Manuelito, un bolero de ese sitio lo invitó a lustrarse sus botas y el general aceptó.

Mientras lo boleaba, Manuelito le platicó que era pobre y huérfano de padre, así que no estudiaba pues tenía que mantener a su madre y hermanos, el general conmovido le prometió conseguir una buena pensión a su mamá para que pudiera ir a la escuela.

A cada rato pasaban jóvenes y le decían al bolerito: “Que no se te vaya a olvidar Manuelito”, y les respondía a cada uno: “Ni a ti tampoco greñas, ni a tampoco Uvari”, y así sucesivamente. El general intrigado le pregunto a Manuelito: “Oye ¿Por qué todos te dicen que no
se te vaya a olvidar?”

“No le puedo decir, es una grosería”... “Dime” —Le insistió el general— “Total, los dos somos hombres”, “Es que cada vez que me dicen no se te vaya a olvidar, es Tiznar a tu madre, y yo les contesto: A ti tampoco” Obregón se levantó de la silla, le regaló dos monedas de oro y Manuelito muy emocionado le dijo: “General, que no se le vaya a olvidar”... “Lo de la pensión de mi madre”.