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El mitin del candidato

POLIARQUÍA

Era la primera ocasión en que un candidato a la gubernatura iba a El Bagre. En esta comunidad empobrecida había nacido su bisabuelo. El partido decidió iniciar ahí su campaña, para construir al candidato una historia de origen popular, pues era uno de los hombres más ricos del estado.

Ese día suspendieron las clases de la única escuela primaria del pueblo. Desde muy temprano comenzaron a llegar varias camiones con las sillas, la carpa y el templete para el acto político que sería a las 4 de la tarde. Hacía un calor insoportable. Como todos los días.

De uno de los camiones bajaron grandes recipientes con comida y refrescos. La cerveza llegó después.

Un joven reportero llegó antes que sus colegas para hacer la nota de color. Recorrió el lugar pero no se animó a hacer la primera pregunta a alguna de las decenas de personas que ya se encontraban ahí. Entonces le preguntaron a él. --Oiga usted que viene de fuera, ¿sabe por qué es todo este alboroto? – Era la dueña del abarrote que estaba frente a la cancha de básquet donde se llevaría el mitin.

-Viene el candidato a la gubernatura, dijo el joven con timidez.

A las tres de la tarde arribaron los dirigentes del partido, los periodistas y el equipo cercano del candidato. Había largas filas para acceder a la barbacoa que era cortesía del comité de campaña. Una banda y un conjunto norteño se disputaban la atención de la comunidad, que para esa hora se encontraba en su totalidad en la plaza.

Uno de los cantantes anunció entonces el corrido de Silvano López Casal. Hasta entonces supo la gente del candidato, pues la manta que quedaría atrás del templete, no la terminaban de colocar. El corrido decía lo de siempre: que él quería mucho a su pueblo que el pueblo lo quería a él y que de llegar a ser gobernador al pueblo le iría muy bien. Algo así.

Dieron las cuatro y luego las cuatro y media. El maestro de ceremonias fastidiaba con sus gritos a los que se encontraban en la cancha, ensalzando el nombre del candidato y todo lo que haría por la comunidad de El Bagre, a la que cambió de nombre en tres ocasiones: El Vinagre, El Tigre y Bague. El calor no había bajado y ya algunos comenzaban a retirarse a una siesta tardía. La comida había sido abundante. No hubo quien no repitiera plato.

La gente se había quedado en la plaza con la promesa de que llegarían camisetas para todos. A las 5 y media de la tarde el maestro de ceremonias aceleró sus consignas y anunció por fin, la llegada del candidato.

En el presídium había 38 personas. Tuvieron que poner tres filas de sillas. Habían venido varios exgobernadores, la dirigencia del partido, las organizaciones afiliadas, algunos empresarios. Estuvo quien debía estar en un inicio de campaña. El maestro de ceremonias anunció uno a uno, algunos con cargo muy largo. El público aplaudió 38 veces con la pura presentación. Lo tuvo que hacer doce veces más. Sí: hubo doce oradores antes de que hablara el candidato.

A las ocho de la noche, el candidato comenzó a leer un discurso que llevaba escrito y que había sido preparado por un grupo de asesores contratado en la ciudad de México.

Dijo entre otras cosas, que a pesar de lo que dijeran sus adversarios, él era un hombre de pueblo y que lo demostraba con el hecho de estar ahí en El Bagre, el pueblo de su bisabuelo. Pero fueron muy pocos lo que escucharon eso. A esa hora muchos estaban dormidos en casa. El joven periodista se había sentado en primera fila, pero su cabeza caía de un lado a otro borracho de sueño.

[email protected] twitter: @guadalupe2003