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El moche inglés

El Corte Inglés es una bien surtida tienda departamental española que tiene tiendas enormes en Madrid y en las principales ciudades ibéricas.

Hace algunos años fui a una sucursal de este almacén general en Barcelona. Buscaba unos zapatos cómodos que me permitieran seguirle el paso a Julia, mi hija, pues los que había llevado traían mis pies sometidos a tormento.

En dos patadas, valga la expresión hablando de pies y zapatos, El Corte me resolvió el problema y salí de la enorme tienda con mis pies deliciosamente envueltos en unos mocasines Camper con suela de goma, en los que durante el resto del viaje caminé como flotando.

Para mí el almacén cumplió esa vez su misión de comerciar al menudeo, para lo que este tipo de tiendas son únicas, pues el comprador detallista, el de una pieza de cada cosa, encuentra en una sola vuelta y a un precio no barato, pero no caro, todo lo que necesita. Más debo recalcar: un solo artículo de lo que se trate.

Si yo fuera el jefe de compras del Ejército, por ejemplo, no iría a El Corte Inglés a comprar 3 mil pares de botas para calzar a los soldados, mucho menos de la marca Camper, que es cara para el Ejército.

Desde luego que buscaría al vendedor de mayoreo de marcas de combate o, incluso, me iría directamente a fabricantes, buscando en la compra masiva el precio más bajo y, quizás, una fabricación especial, a la carta, posible desde luego sólo en una compra de miles de artículos.

Y no me importaría que una de las ramas de la tiendota estuviera dedicada a la venta de botas, pues la vocación del comerciante detallista está en el detalle, en la venta al menudeo, que no permite flexibilidad en los precios, aunque, eso sí, deja siempre lugar a la comisión para vendedores y, en su caso, compradores.

Los grandes almacenes departamentales no son, pues, adecuados para las grandes compras masivas de otras grandes empresas, ni del Gobierno, ni de la Cámara de Diputados, que, por salud financiera, deben hacer sus adquisiciones directamente con los grandes distribuidores o con los fabricantes, además preferentemente nacionales.

De ahí que sea extraño y sospechoso que, al cinco para las doce del 2013, el guadalupano 12 de diciembre, la Cámara de Diputados haya otorgado a la rama informática del Grupo Corte Inglés, precisamente, un contrato por 114.9 millones de pesos para la renta de 3 mil 350 computadoras y equipo accesorio.

Lo de renta es un decir de tienda detallista, pues, de acuerdo con lo que reportó ayer El Norte, cuando concluya el contrato de arrendamiento por 114.9 millones de pesos, en el primer trimestre del 2016, las computadoras serán propiedad de la Cámara, "sin costo adicional".

Para todos los efectos, la transacción es una compra, a crédito, sí, pero una compra, aunque la hayan disfrazado como una renta.

El primer "mes de renta" fue de 35 millones de pesos, que se sacaron de un fondo que la Cámara se autoasignó y que, de no ser ejercido, como ya lo fue al contratar a El Corte, debería haber sido regresado a la Tesorería, lo que los gobiernícolas consideran inaceptable, pues no entienden lo de no gastar dinero, si no lo tienen que gastar, o malversar, aunque no sea de ellos, sino del pueblo de México, que no son ellos.

El resto lo seguirán pagando ésta y la siguiente legislatura, los siguientes dos años. Las 3 mil computadoras, de escritorio y de regazo, acabarán en manos de panzas aventureras, pues de aquí al 2016 se convertirán en agujeros negros. Ya quiero ver a Manlio regresando su compu (¡porque es mi compu!) dentro de dos primaveras.

Pero eso no es lo peor, sino que nos roben caro. Es imposible que un almacén detallista venda equipo que compra a un precio inferior al que pagó por él al fabricante, que es a quien la Cámara debió haber comprado o rentado las computadoras.

Aquí hay transa y sólo un diputado puede pasar sin verla, ocupado como va aprendiendo a manejar su caro ordenador, como le dicen en El Corte Inglés y en toda España a las computadoras.

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