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El mundial, el deporte y la paz

Las palomas de la paz y los cantos de la unidad del mundo normalmente coronan las inauguraciones y clausuras de eventos deportivos como la copa mundial de fútbol. "Somos uno", canta Pitbull, "un amor, una vida, un mundo". Queremos creer que este tipo de competencias promueven la paz entre las naciones. Sin embargo no es un tema simple. Por ejemplo, el movimiento olimpista moderno, como propuesta ideada por el Barón de Coubertin, en ocasiones se ha visto irremediablemente entretejido con factores que mueven la política internacional, por lo que sus ideales de diálogo y armonía global no han sido siempre alcanzados. De hecho hay autores que sostienen que competencias como el mundial de fútbol no hacen sino exacerbar los nacionalismos y la agresión que estos a veces producen. Sólo mirar cómo nos vestimos, cómo nos pintamos las caras, cómo lanzamos nuestros gritos de guerra. Ello, sin embargo, no descalifica al deporte en sí mismo como herramienta para construir la paz. La cuestión es distinguir entre estos eventos deportivos como espectáculos y el deporte en tanto actividad física y social.

Las competencias internacionales como el mundial de fútbol o los juegos olímpicos no son actividades que se limitan a lo deportivo. Están rodeadas de temas políticos, económicos y mediáticos, entre otros factores. Pero hay investigación que ha mostrado que deportes como el fútbol pueden ser utilizados como herramientas de raíz en la construcción de paz, asumiendo que se utilicen los programas adecuados y que estos sean implementados con un monitoreo eficiente a través de especialistas en el área. De otro modo, pueden exacerbar emociones e identidades negativas en el ser humano que superan los beneficios que aportan.

Los estudios afirman que el deporte: (a) proporciona un lenguaje sencillo que facilita la intercomunicación entre los actores, (b) promueve el respeto por los oponentes y la justicia, valores inherentes a la competencia deportiva, (c) es igualitario, dado que en los equipos pueden competir personas de diferentes estratos sociales, religiones, grupos étnicos o culturales, (d) en sí mismo, como actividad física y social, es apolítico por naturaleza, (e) permite encuentros en territorio neutral allanando el camino para posibles futuras reconciliaciones, (f) favorece un enfrentamiento que se da con reglas claras dentro de un territorio demarcado que normalmente privilegia el juego justo, (g) ha mostrado ser una herramienta eficaz para canalizar la agresión, y (h) es también un campo fértil para la capacitación en la democracia. Hay reportes que muestran que el deporte tiene un efecto psicológico positivo que puede incluir la superación de traumas y la recomposición hacia una vida más sana mentalmente (Wright, 2009; SDC, 2005; Nanayakkara et al, 2010; Reid, 2006).

Sin embargo, los reportes también advierten el no sobrestimar la capacidad del deporte para fomentar estados pacíficos. Los efectos psicológicos negativos de esta actividad aún no se encuentran lo suficientemente estudiados. La labor deportiva puede caer ante las tentaciones políticas o de relaciones de poder subyacentes en las sociedades. Es necesario entender que este tema no puede ser visto como la panacea absoluta en construcción de paz y desarrollo.

El deporte no es sino un factor más que interactúa dentro de otra serie de subsistemas tanto en lo local como en lo internacional. Utilizar al deporte como un instrumento más dentro de estrategias integrales de desarrollo y construcción de paz desde abajo, parece tener sentido. Pero hay que entender las diferencias entre eso y los eventos espectaculares como el que hoy tiene capturada toda nuestra atención, aunque a todos nos gusta cantar con Pitbull y JLo por la unidad y la paz en el mundo.

Twitter: @maurimm