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El museo de Dolores

Dolores Olmedo le dijo en una entrevista espléndida a Elena Poniatowska (La Jornada, agosto 2002), que había comprado la casa de la hacienda del siglo XVI, "La Noria" (más de 3 hectáreas, a 20 pesos metro), en 1962 y que se cambió a ella dos años después. Entonces, a Lola Olmedo nada le gustaba más que hacer su mandado en el mercado de Xochimilco: "... donde todavía tenemos tianguis y podemos cambalachar un guajolote por un venadito, un ramo de rosas por unos tamales. Así como me ve usted ahora, así voy al mercado y todos me saludan y me conocen, porque cuando la gente la ve a usted así, medio riquilla, no se confía fácilmente, es hosca, pero conmigo no, a mí no me tienen miedo, porque siempre que han venido a pedirme ayuda la han encontrado y además son mis amigos". ¿Cómo no la iban a querer si sus vecinos sabían que su propiedad era un verdadero museo en donde se encontraba la colección más importante de pinturas de Diego Rivera, Frida Kahlo y Angelina Beloff, aparte de su acervo de piezas precolombinas y de artesanía popular? "Porque el maestro Rivera me enseñó a ver, a saber, a escoger, a leer, a enterarme; él mismo escogió algunas piezas".

Gracias a estas enseñanzas, pero sobre todo a la pasión y a la visión empresarial de Dolores Olmedo, ahora "La Noria" es un museo extraordinario dirigido por su hijo menor, Carlos Phillips Olmedo. Visionario y amante del arte como su madre, gestionó para que coincidieran la exposición Frida Kahlo/Diego Rivera. L'art en fusión, integrada por obras del acervo del Museo Dolores Olmedo, junto con la de Obras maestras del Musée de l'Orangerie. Como bien dijera la directora del Museo de l'Orangerie, Marie-Paule Vial, acerca de este intercambio, "es muy importante" porque significa "reemprender de nuevo las muy buenas relaciones culturales entre los dos museos y también entre los dos países". No sabríamos decir cuál de las dos exposiciones ha sido la más visitada, la de París o la de México. Ambas han tenido un éxito rotundo. Por lo que se refiere a la de los impresionistas, ha sido admirada por miles y miles de mexicanos, como hacía mucho tiempo no se veía en nuestro país, la cual se mantendrá abierta al público hasta el próximo 19 de enero de 2014. Sí, quedan muy pocos días para poder admirar 30 grandes obras de los once pintores más importantes del impresionismo y del movimiento moderno de Francia.

Ese fue mi regalo del Día de Reyes, haber visto el domingo y de muy cerquita, al lado de vitrinas con colecciones prehispánicas, las pinturas de Paul Gauguin, Paul Cézanne, Pablo Picasso, Amedeo Modigliani, Pierre-Auguste Renoir, André Derain, Henri Matisse, Claude Monet, Henri Rousseau, Chaïm Soutine y Maurice Utrillo. He de decir que para llegar al museo, Enrique y yo batallamos muchísimo, pues desafortunadamente, no hay señalamientos suficientes para encontrar la ubicación del museo en Avenida México 5843, para colmo ya eran casi las tres de la tarde y no habíamos desayunado ni comido. Una vez que discutimos intensamente y preguntamos a 20 taxis y a 8 peatones por fin llegamos a nuestro destino. El vía crucis no había terminado porque hubo que buscar lugar para estacionarse (el estacionamiento estaba hasta el tope) como diez cuadras de distancia del museo; mismas que empezaban a mostrar la enoooooorme fila (hasta el 20 de diciembre el número de visitas ascendía de 5 a 6 mil personas diarias y casi 10 mil los fines de semana). Había tanta y tanta gente: familias completas, adultos mayores y muchísimos jóvenes que esperaban en la "cola" pacientemente, que no sabía si llorar o, al contrario, ponerme feliz al ver a toda esa multitud interesada en descubrir la colección de Paul Guillaume.

"He vivido como he querido, he hecho lo que se me da la gana, y he sido muy feliz, porque he tenido todo lo que he querido", le dijo Olmedo a Poniatowska. Ahora sería aún más feliz si pudiera ver el éxito de esta exposición, precisamente en la casa que imaginó, durante tantos años, convertida en un verdadero museo, de cómo la gente se arremolinaba para admirar a sus pavos reales y a sus perros xoloitzcuintles, paseándose por los jardines impecablemente bien cuidados, y si pudiera ver las salas dedicadas a la obra de Diego Rivera, a quien conoció desde que tenía 11 años, repletas de personas todas admirativas, por ejemplo, frente a la pintura de El Matemático (París, 1919).

De verdad, no dejen de ver esta maravillosa exposición, en el maravilloso Museo Dolores Olmedo.

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