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El negocio del carnaval no debe ser tan ligero

ACENTO

La fiesta del carnaval se ha mantenido en un perpetuo cambio a lo largo de sus 116 años, en los que formalmente han sido organizados.

Tradiciones se han creado en torno a la celebración y las mismas se han extinguido con las nuevas circunstancias políticas y sociales que la circundan.

El uso del confeti casi ha desaparecido con el crecimiento de una nueva conciencia ecológica, el uso del cascarón desapareció al considerar que las condiciones de inseguridad pudieran convertirlo en un motivo de violencia innecesaria, la tradición de "jalar la banda" ya no existe con la democratización de la música y el baile que hizo posible la instalación de templetes.

Ahora aparecen las gradas y la renta de sillas a lo largo de la ruta de los desfiles, que ofertan comodidad a quienes puedan solventarla.

Quizá el alcalde, Carlos Felton González, tenga razón en que se requiere este tipo de servicios con la afluencia de mayor número de visitantes que buscan seguridad y comodidad. Sin embargo, el Ayuntamiento debe cuidar mantener al desfile como el espectáculo principal de la fiesta y la accesibilidad popular.

Confiar el servicio a empresas privadas que rentan las sillas y las gradas a una tarifa de hasta 100 pesos no es una opción que agrade a la población, tomando en cuenta que para una familia promedio le significaría el desembolso de por lo menos 500 pesos. Es un tema que pudiera considerarse liviano para los intereses del municipio, pero muy sensible para la población.