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Opinión

El orden político en Sinaloa está resquebrajándose

DOS MÁS DOS
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Por: Ezequiel Avilés Ochoa

En los últimos días, se han intensificado las pugnas entre los grupos políticos de la entidad. Las disputas y el encono se acentúan cuando el líder nacional del PRI exige respaldo y respeto a la máxima autoridad constitucional. No hay de qué alarmarse. Las discordancias políticas son normales en una sociedad democrática. Lo preocupante es que engendren desorden político.

Los sinaloenses no deben inquietarse por las discordias entre grupos políticos y, también, entre los diferentes niveles de gobierno. Es socialmente útil y normal que así ocurra. Lo inquietante es que la trifulca se libre a partir de alterar de un orden político, que debe ser celosamente resguardado por la colectividad. Quienes gobiernan y los que lleguen a reemplazarlos en el 2016, deben ser sus garantes. No deben olvidar que la estabilidad política es condición necesaria para el desarrollo económico y social.

Los grupos en el poder, cuando hacen bien su trabajo, no deben preocuparse demasiado por lo que hagan sus opositores. En todo caso, deben alarmarse cuando no se tiene la aptitud de brindar los bienes y servicios públicos que demanda la sociedad. Por su parte, los grupos opositores, en busca de acceder al poder, no deben engendrar el desorden político. No les conviene recibir a una entidad en llamas. La sociedad, debe ser un atento vigilante de su bien público más preciado.

El orden político se sostiene cuando los ciudadanos obedecen las reglas escritas y las no escritas, mismas que llaman al respeto de unos a otros. También, cuando la sociedad, en su mayoría, está motivada para sancionar, en las urnas, las desviaciones políticas de sus gobernantes. Esa posibilidad la tendrán el año próximo y la reafirmarán en el 2016.

Está demostrado que el sinaloense se comporta de manera diferente, cuando impera el desorden político. Vota de manera distinta, cuando percibe un entorno de autoritarismo y reprueba, que desde el poder, no se le brinde seguridad a sus familias y patrimonio, ni se generen más y mejores empleos. La impunidad, la ineficacia gubernamental y la falta de respeto institucional al conjunto social, son semillas del desorden político.

En el 2015, las victorias electorales deben celebrarse en un ambiente de civilidad. El sinaloense ha madurado. Ha asimilado que la oferta electoral es merecedora de su voto, cuando esta se acompaña de la generación de bienes públicos de calidad.

Las luchas políticas deben ir más allá de la decisión de quién gobernará y administrará los recursos de la sociedad. Cuando se trabaja para disminuir la deuda con la ciudadanía, mayor es la probabilidad de atraer al votante. Lo opuesto, enriquece la oferta opositora.

Los grupos políticos pueden pelear encarnizadamente, están en su derecho, pero deben hacerlo sin resquebrajar el orden político. Bienvenidas las pugnas políticas en Sinaloa. Por un desarrollo económico menos empobrecedor y depredador, se vale que puedan librar la más cruenta de las batallas.

eaviles8a@hotmail.com Twitter: @E_Aviles_8a