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El pacto que sigue: nuevo federalismo

Es notoria la ausencia de referencias al Pacto por México durante las últimas semanas. Muchos ya lo dan por muerto, quizá con razón. Pero antes de sepultarlo es necesario pensar con qué sustituirlo, ya que se requiere refrendar el acuerdo esencial de seguir adelante con transformaciones para un mejor futuro de México.

En este espacio se ha comentado lo disfuncional del federalismo mexicano actual, y cómo obstaculiza políticas públicas centrales, como educación, seguridad pública, salud, finanzas públicas, entre otras. Es urgente encontrar la manera de abordar esa problemática, que hasta ahora ha estado ausente de la agenda de reformas de la administración del presidente Peña, sobre todo ante la inminente reelección de presidentes municipales, que abre la oportunidad para mejorar el funcionamiento del gobierno.

El federalismo mexicano actual no se dio por diseño, sino por la sucesión de cambios parciales, en ausencia de una visión-objetivo. De ahí que es deseable no sólo abordar el tema, sino hacerlo a fondo, de manera integral y con una visión de futuro. La falta de transparencia y rendición de cuentas de gobiernos estatales y municipales, así como su flagrante ineficacia se han convertido en causas de la desconfianza de la ciudadanía en su gobierno. De ahí la trascendencia política de reformar el federalismo.

Es claro que la grave situación de la seguridad pública no va a resolverse mientras no se incluya, como eje central, el fortalecimiento de las policías municipales y estatales. Sólo así se creará la capacidad para enfrentar las nuevas actividades del crimen organizado (extorsión, secuestro, narcomenudeo, robo de combustibles, entre otras) que se dan en el ámbito local. Intentos por lograr una mejor coordinación entre policías, con frecuencia en torno al concepto de "mando único", han fracasado precisamente porque ha faltado un marco para una negociación política a fondo y efectiva. Mientras algunos gobernadores están empeñados en avanzar en esa dirección, otros en realidad se oponen, quizá vencidos por los intereses de los cuerpos policiacos locales, producto de su complicidad con organizaciones criminales.

En educación, el insuficiente avance del modelo de descentralización lanzado en 1992 es patente. En eso, las cosas se han hecho a medias y el resultado es una confusión total acerca de qué le toca hacer a la Federación y qué a los estados e, incluso, a los municipios.

En salud sucede algo similar, pues si bien los recursos financieros ya se han descentralizado, el resultado en términos de la cobertura y la calidad de los servicios de salud es desastroso. No hay visiones, directrices y programas compartidos por las entidades federativas, con la participación efectiva del gobierno federal en cuanto a su papel de rectoría de la política de salud.

Estas problemáticas tienen una contrapartida financiera, que se resume en la precariedad fiscal de México. Mientras que en promedio en los países con organización federal de la OCDE, los estados y municipios obtienen ingresos fiscales totales equivalentes a 8.9% del PIB, en México sólo generan 0.7%. El esquema de coordinación ha dado lugar a una concentración de los ingresos fiscales por parte del Gobierno Federal (16% del PIB), que luego los "comparte" con las entidades federativas y con los municipios. En lo hechos, la capacidad recaudatoria del Estado mexicano es ínfima, lo que se traduce en que todos los ámbitos de gobierno tengan una capacidad financiera insuficiente para sustentar los programas y proyectos que se requieren. Este tema también demanda un enfoque integral, que no se adoptó al impulsar los cambios fiscales el año pasado.

Hay otros campos donde la falta de definición acerca de lo que le toca hacer a la Federación, a los estados y a los municipios, así como su consecuente respaldo financiero, dan lugar al inmovilismo o, peor aún, a la acción descoordinada que desemboca en cuantiosos desperdicios.

Considerando esto, una opción interesante parecería que el gobierno federal, en interacción de los gobiernos estatales y la debida representación de los municipales, convocara a una nueva y diferente etapa del Pacto por México, que se diera en torno a la actualización del federalismo mexicano. Sus alcances serían iguales o quizá mayores que los de la etapa inicial.

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