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El país de las maravillas. (Primer envío)

COMALLI

La felicidad o el bienestar de las personas se puede "medir" en términos de experiencias positivas durante el día, entendiendo esto como el grado de satisfacción con la vida diaria (life satisfaction). De acuerdo con el indicador "Better Life Index de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), 82 % de los mexicanos, a pesar de todos los males reales que a diario soportamos, aseguramos tener, durante el día, más experiencias positivas (sensación de tranquilidad, satisfacción por los logros, divertimiento y descanso) que negativas (preocupación, dolor, amargura, cansancio, tristeza, etc.). Es decir, «somos muy felices», en mayor grado que el promedio de los demás países de la OCDE. ¿Cómo se puede entender semejante afirmación sin caer en la superficialidad? cuando en seguridad, salud, trabajo, vivienda, educación e ingresos estamos en los últimos lugares del análisis presentado por dicho organismo. Nada más en relación con la vida y el trabajo estamos en el penúltimo lugar, en seguridad en el último, y respecto a los ingresos anuales en antepenúltimo, percibiendo casi 100 % menos que el promedio. ¿Cómo pues? ¿Cómo intentar entenderlo sin echarse un churro de hierba? Realizar aquí un comentario serio sobre "nuestra felicidad" representaría una extrema osadía. De ninguna manera se pueden leer los datos como un inventario de elementos aislados, acomodados, de cierta forma, en un espacio euclidiano. La significación de los "indicadores" está situada en la confluencia de innumerables ríos semánticos, significan a partir del mundo y las circunstancias de quien los mira. La asimetría de las aseveraciones refleja la mentalidad colectiva de quienes la comparten. Lo que está afuera es el resultado de lo que está adentro, pero lo que está adentro de unos, cuando lo exteriorizan, no puede estar dentro de los otros. Cuando los discursos de un grupo se utilizan como medio para mediatizar a otros grupos, llegan a convertirse en un instrumento de desprecio y opresión. Pareciera que vivimos en el país de las maravillas, sin significados coherentes. No conformes con eso, cada una de las partes construye su mundito patas arriba. ¡Peor!

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