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El país de las maravillas. (Segundo envío)

COMALLI

La asimetría de las aseveraciones refleja la mentalidad colectiva de quienes la comparten, decíamos en el envío anterior. Lo peor del caso es que esta asimetría se utiliza como medio para aferrarse al poder pisoteando a los demás. Cada vez los resultados son más graves. El mundo patas arriba que hemos creado, ese país de las maravillas en el que vivimos abusando del lenguaje y los medios de comunicación, aparentemente nos hace «obedientes» a órdenes que acatamos antes de haberlas escuchado; vivimos en la anarquía misma. Nos guste o no, hemos construido un teatro en donde nada es teatro y el drama representado ya no es un juego. Por ejemplo, el Estado asegura que la economía nacional "va por buen camino", al mismo tiempo el INEGI da conocer que el país está en una etapa de recesión económica. "Estamos en un Sinaloa de barbarie" dice un grupo de abogados, al mismo tiempo que las autoridades afirman que los homicidios se han reducido; pareciera que parafrasean al Piporro y su Rosita Alvirez. El martes pasado la CNDH dio a conocer que México ocupa el primer lugar a nivel internacional con mayores casos de "bullying" en el nivel educativo de secundaria. Con tanto «conocimiento», cómo podemos entender, que el mentado bullying, incluya dentro de sus acepciones (en español) el «asesinato», como la muerte del menor que perdió la vida por las lesiones de un "juego de adolecentes". ¿Será posible que viviendo en la modernidad, con todos sus adelantos científico-tecnológicos, el ser humano se haya diluido en el lenguaje y los meandros del poder? ¡Pues sí! El anti-humanismo global tiene razón de no considerar a las personas como privilegio que constituye a la sociedad. En este constructo social, inventado por unos cuantos sujetos, se ha olvidado el sentido de trascendencia metafórica del lenguaje que, en su significado más profundo, se eleva sobre los datos y la "productividad" (también en esto estamos en los últimos lugares) creando nuevos universos que se concretan en obras culturales. Hablar de frente con valentía y bondad, requiere dejar de apoderarse del dinero para establecer un mundo armónico, «patas en su lugar», interactuando con ética y razón, pasiones y valores aun contradictorios.

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