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El país de las maravillas. (Tercer envío)

COMALLI

Debo confesar que el final de este seriado sobre "El país de las maravillas" lo abordaría de una manera diferente. Sin embargo, la realidad real, ese espacio teatral creado por nosotros mismos, en donde el dramatismo es cada vez menos un juego, me hizo repensarlo. Nada es casualidad, todo es el resultado de nuestra interactuación (intersubjetividad), del conocimiento acumulado o la ausencia del mismo, y del significado del lenguaje que utilizamos al expresarnos. Con todo, entre los diferentes grupos que conforman la sociedad, los políticos y "la sociedad civil" principalmente, existen diversos grados de transparencia e interpretación. No es sencillo hablar de frente, se requiere algo más que "libertad" de expresión. Que si las cárceles de seguridad son realmente de seguridad o coladeras. Que si se fugó o lo dejaron salir. Que no está aquí, que está por allá. Que si «yo no fui, que fue teté, que pégale pégale que el otro fue». Y a final de cuentas parece que las palabras no tienen figura ni presencia, como que expresan algo de otro mundo que no es para nosotros. Pareciera que el drama globalizado, el proceso histórico que estamos representando, viaja en sentido inverso a la dignidad humana, implicando un alejamiento acumulativo de la coherencia y provocando que las iniciativas grupales entren en conflicto, se atrofien y crezcan como tumores malignos (Lonergan). ¿Qué se necesita para hablar de frente? ¡Valor, desapego y bondad! Construir puentes de enlace entre los hechos y las expresiones, para que las palabras no queden vacías de significado. Los puentes a construir ayudarán a reivindicar la figura humana como el Ser inteligente, dramático, conviviendo dentro de un marco metafórico que impide la disolución de la multiplicidad de las significaciones culturales. Trabajar para los demás es nuestra condición. Cuando trabajemos «responsabilizándonos» por el bien del Otro, "los esfuerzos para explicar lo que queremos dar a entender terminan, tarde o temprano, y más temprano que tarde, en la aseveración global de que lo dado a entender es obvio y no necesita ni admite explicación" (Lonergan). Ahora sí, como dice mi compadre: "me pasé". ¿Verdad Agustín?

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