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El pantano de Videgaray

PORTARRETRATO

Gladiador consumado, durante más de dos semanas Luis Videgaray salió a un selecto núcleo de medios electrónicos para asegurar que la economía mexicana iba por buen camino. Todos los indicadores económicos mostraban lo contrario, pero el secretario de Hacienda insistía con interlocutores que no lo presionaban, que el rumbo mexicano era el correcto. Como en un pantano, mientras más pataleaba, más se hundía. El presidente Enrique Peña Nieto tuvo que ir por el secretario y tratar de rescatarlo. "La economía va por buen rumbo", dijo. Pero las palabras no se sustentaron en los hechos. Este viernes, la Secretaría de Hacienda tuvo que alcanzar a la realidad y ajustar su expectativa de crecimiento en 1.2% de lo estimado en septiembre de 2013. De 3.9% a 2.7.

Videgaray no dio la cara para anunciar oficialmente la caída en el crecimiento –envió a ponerla ante la prensa al subsecretario Fernando Aportela–, y volvió a su espacio favorito en la radio para cubrir el desastre. "Vamos a crecer más que la mayoría de los países de América Latina, más que los países de Europa, incluso más que Estados Unidos", aseguró. ¿Le importará a los mexicanos esa analogía? ¿Les dará el confort el saber que están mal pero hay otros, con quienes no tienen relación, que están peor? Es una fuga hacia delante, sin embargo. Marco Oviedo, economista en jefe del banco inglés Barclays, le dijo a la prensa que para que la economía crezca al 2.7 ajustado, tendría que crecer 3% durante los próximos tres trimestres.

El secretario ha sido totalmente dogmático en el manejo de la opinión pública. Sabe que la economía se maneja con expectativas, y que las expectativas se sustentan en percepciones. Ese es el nombre de su juego. Eso es lo que hizo con destreza durante las reuniones del Pacto por México el año pasado, cuando cada vez que los representantes de Peña Nieto presentaban sus iniciativas, Videgaray siempre les decía el impacto que tendrían. "Era muy impresionante", recuerda uno de los participantes de la oposición. "Cada vez que se presentaba la iniciativa que quería el presidente, Videgaray sacaba el número mágico: esta va a tener un impacto del 4%, esta del 2%, y así todas, calculadas en términos de crecimiento".

Fue la administración de las expectativas las que allanaron el camino de las reformas estructurales de Peña Nieto. El largo camino para la transformación del país. El cielo azul prometido para los mexicanos. Pero de regreso a la Tierra, ese cielo azul en el horizonte sólo podrá ser disfrutado por quienes, metafóricamente hablando, sobrevivan el corto plazo del crecimiento mediocre en la economía mexicana. La culpa la tiene el frío en Estados Unidos, dijo Videgaray, que desaceleró la economía norteamericana y arrastró a la mexicana. También tiene la culpa la Reserva Federal en Washington, que al quitar los estímulos monetarios causó volatibilidad en los mercados. Y por supuesto la caída en la plataforma de exportación de Pemex, que generaron menos ingresos. En el escenario del secretario no existió impacto alguno sobre el crecimiento en el aumento de impuestos a partir de este año, que causaron un atorón en la inversión de los mexicanos.

Los nuevos impuestos provocaron que las grandes multinacionales, al ver la reducción drástica de sus ingresos –una de las más grandes no prevé números positivos hasta después del Mundial de Futbol, con lo cual esperan compensar las pérdidas–, pensaran en irse a otro lado –como otra de las grandes multinacionales del alimento decidió que todos los recursos que iban a inyectar en México en 2014, se fueran mejor a Brasil–. Ha disminuido el consumo y las ventas, y la expansión económica y el empleo. Por cada punto porcentual de caída en el crecimiento, se estima una pérdida mínima de 160 mil empleos. Funcionarios federales que recorren el país y hablan con los distintos segmentos de la población, están crecientemente preocupados por lo que están viendo. "No hay dinero y cada vez hay más enojo", dijo uno de ellos.

La molestia es creciente. En menos de un año, desde que la economía empezó a dar tumbos y Videgaray a dar excusas y pretextar los fenómenos externos sin reconocer las fallas internas –la larga curva de aprendizaje en Hacienda, la tardía distribución de los presupuestos el año pasado y la ineficiente aplicación del gasto público, según los expertos–, consiguió que todos los sectores productivos del país se unieran en una voz con políticos, académicos y una parte de la sociedad activa en su contra.

Nada de que orgullecer a Videgaray, el hombre de todas las confianzas del presidente Peña Nieto, quien se encuentra en el umbral que los cuestionamientos a su secretario, comiencen a costarle a él. La molestia contra Videgaray, por lo pronto, ya le cuesta al país. El mediocre comportamiento de la economía durante dos años consecutivos, es el vaso articulador de la molestia más grande que existe en contra del gobierno. Los líderes empresariales no compran la versión del secretario que la culpa la tiene el mundo, no su política económica.

Los presidentes del Consejo Coordinador Empresarial y de la Coparmex –que agrupa a los patrones del país–, Gerardo Gutiérrez Candiani, y Juan Pablo Castañón, piden incentivos para mitigar el impacto del aumento de impuestos. El vicepresidente de la cámara que aglutina a los constructores, Ángel Macías, urge que el gasto público comience a impactar en la infraestructura y la vivienda, para detonar obras y empleo. Si no hay incentivos fiscales que contrarresten el alza en todos los productos, el consumo seguirá en picada y sectores tan dinámicos como el automotriz, seguirán contrayéndose.

Todos estos gritos, que no son nuevos, han sido sistemáticamente desoídos por Videgaray. "Es imposible hablar con él", dijo un banquero. "No toma llamadas ni responde los mensajes". Ejecutivos de una de las principales multinacionales en México fueron a verlo a sus oficinas pero nunca los recibió, lo que subraya su característica como el secretario más inaccesible para todos, menos para el presidente, al cual siempre procura y con quien siempre está.

Peña Nieto es la única fuerza de poder real que lo protege, pues inclusive dentro del gobierno, en donde al verlo cómo se organiza, planifica y ejecuta ha causado admiración aún entre quienes lo veían con recelo, ven en forma creciente como su política económica ha atorado todos los planes presidenciales que atacan el corto y mediano plazo, y cómo cada vez más, el comportamiento de la economía los está arrinconando y haciéndoles perder credibilidad ante sus interlocutores. Los enemigos le crecen aceleradamente al secretario de Hacienda, fuera y dentro del gobierno, a quien hay que reconocerle la proeza de haber logrado en tan corto tiempo, encolerizar y unir a todos en su contra.

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