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El pensador de este mes: Gennaro Carotenuto

SATIRICOSAS

Espero que recuerden, lectores, que prometí cada último sábado del mes ofrecer este espacio a algún pensador universal, de cualquier época, que pueda enriquecer el pensamiento de los mexicanos, sometidos mayoritariamente, quiérase o no, a opiniones como las de Televisa. Todos los que tenemos un espacio de comunicación tenemos el deber de contrarrestar la desinformación de mala fé de esa u otras empresas. Hay periodistas que pueden intentar, por su propia capacidad o la de los medios de comunicación en donde colaboran, influir en las leyes, pero acabamos de ver con las leyes secundarias en materia de telecomunicación, que no los dejan, como es el caso de la poderosa Carmen Aristegui.

Por mi parte sólo puedo continuar, sin jamás traicionar a la verdad, mi comunicación de ya 41 años con el público, y en este último sábado de julio pienso que el pensador que necesitamos para saber más sobre uno de los temas más dolorosos _y a veces vergonzoso para México el de la migración _ es Gennaro Carotenuto, porque no es oriundo de ninguno de los países latinoamericanos productores de emigrantes que recorren sus países y el nuestro hacia Estados Unidos. Con la asesoría de mexicanos intachatables ha escrito mucho sobre el problema que los políticos nacionales han querido ocultar.

Gennaro Carotenuto, licenciado y doctor en Historia, enseña "Historia del Periodismo" en la Universidad de Macerata (Italia). Estudioso de la política internacional, los regímenes dictatoriales y la Historia Contemporánea de América Latina, enseña también Geopolítica e Historia Oral en la misma universidad, y ha sido profesor invitado en la Universidad de Montevideo (Uruguay). En 2005 publicó "Franco e Mussolini, la guerra vista dal Mediterraneo", Milán, y en 2007 fue editor del cuarto volumen de "Storia e comunicazione. Un rapporto in evoluzione.

Recordé los artículos de Carotunuto, como la mejor y más imparcial información que deben tener los mexicanos y los gringos decentes sobre el problema de la migración, al leer la nueva estupidez del gobernador de Tejas, Rick Perry, evangélico admirado por el obsoleto Tea Party, excandidato en 2012 a la Presidencia de USA, que pretende hoy enviar a la Guardia Nacional estadounidense a vigilar la frontera SUR de México (con Guatemala) para que dejen de dar lata en la frontera NORTE los niños latinos que quieren acceder a USA a buscar a sus padres, acaso ¿no sabe Perry que Tejas (con j) era territorio mexicano y no es, ni ha sido ni será México territorio texano (con x)? Los centroamericanos sí saben a quien le deben la pobreza y la desgracia de sus países, desde tiempos de la UNITED FRUIT en adelante, hasta, decíamos el sábado pasado, el canalla golpe de 2009 de Hillary Clinton contra el presidente legítimo de Honduras, Manuel Zelaya .

En agosto de 2010, fueron masacrados 72 migrantes centroamericanos en el rancho de San Fernando, en el estado mexicano de Tamaulipas. El entonces "Gobierno de la República" encabezado por el espurio Felipe Calderón, le adjudicó el terrible asunto a la guerra contra los narcos que le había ordenado George Bush y que produjo alrededor de 100 mil víctimas en este país, 150 mil dicen algunos periodistas estadounidenses. Pero otra y más precisa es la versión del artículo de Gennaro Carotenuto intitulado:

"http://pocamadrenews.files.wordpress.com/2010/09/inmigrantes-indocumentados.jpg Veinte mil inmigrantes secuestrados cada año". (traducción de S. Seguí). "En relación con la masacre de 72 inmigrantes en Tamaulipas, y poco después el asesinato del juez encargado de la investigación y el asesinato del alcalde de Hidalgo, el complejo desinformativo mundial ha querido hacer creer que las víctimas habían sido reclutadas por los narcotraficantes o se habían intentado vender mejor a los cárteles, o tal vez se habían negado a que los contratasen como sicarios.

Es una interpretación carente de fundamento, calumniosa y racista, que quiere ocultar la verdad de la explotación hasta el último centavo de la vida de los 600,000 inmigrantes del Centro y Sur del continente americano que cada año se atreven a atravesar todo México. La realidad es que estos inmigrantes son víctimas constantes de extorsiones, acosos, violaciones y amenazas, incluso antes de emprender la travesía del desierto –el muro construido por George Bush–, de ser víctimas de las patrullas de minutemen, –milicias armadas de anglos estadounidenses–, de las leyes raciales de Estados como Arizona y de tantos otros azares en su búsqueda de trabajo en Estados Unidos. Para el sacerdote católico Alejandro Solalinde, los cachucos (sucios centroamericanos, en la jerga) desde el momento en que salen de su país "dejan de ser personas y se convierten en mercancía, en una mina de oro tanto para las mafias como para las autoridades".

Los principales medios de prensa los presentan como mano de obra criminal de bajo costo disponible para el narcotraficante, desecho de la sociedad, indeseables, cómplices si no miembros ellos mismos de las mafias, y por lo tanto sin derechos ni dignidad humana. Contra ellos dirigirán ahora aviones no tripulados –drones– que no conseguirán detener la entrada siquiera de un gramo de cocaína, pero que ayudarán a echar en brazos de la delincuencia a los inmigrantes, que en realidad son víctimas de una auténtica emergencia humanitaria a la que los gobiernos de Calderón y Obama deberían hacer frente. (el artículo está escrito en 2010).

Los inmigrantes son un negocio de 3,000 millones de dólares al año que se reparten los cárteles criminales y las fuerzas de policía corruptas, tanto de EU como de México. Para pasar al otro lado pagan entre 4,000 y 15,000 dólares. A menudo es sólo el principio del martirio que conduce al sueño americano, ya alcanzado (además de decenas de millones de mexicanos) por un millón de hondureños, dos millones de salvadoreños y tres millones de guatemaltecos, que envían a sus familias en sus países de origen alrededor de 10,000 millones de dólares anuales en remesas de efectivo.

Para monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de las Casas, en Chiapas, por lo menos dos tercios de los inmigrantes, una vez en México, sufren extorsiones o robos, y uno de cada diez es víctima de violación durante el viaje. Cerca de una quinta parte es detenida y enviada de regreso. Se trata de un número en disminución, por cuanto los que interceptan a los inmigrantes prefieren exprimirlos a enviarlos a sus países. La situación ha empeorado sin cesar en el último decenio, con la violenta campaña contra los inmigrantes que condujo a George Bush a la construcción del muro en la frontera entre EU y México, que pronto se complementará con un muro doble en la frontera entre México y Guatemala. Las medidas adoptadas para detener la emigración, como en otras fronteras entre el Sur y Norte, lejos de impedir el tráfico de seres humanos, no hacen más que aumentar el precio, hacer el negocio más lucrativo y poner más en riesgo la vida de los inmigrantes.

Cada año, según estadísticas oficiales, al menos 20,000 inmigrantes acaban siendo secuestrados por los cárteles criminales y obligados a pagar, además del precio del cruce de la frontera, rescates de entre 1,000 y 5,000 dólares cada uno, y a ser objeto de comercio entre los cárteles, como si fueran paquetes, o ser asesinados como rehenes para inducir a otros a pagar.

Según Jorge Bustamante, relator especial de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), México es sin duda el país donde se cometen las más graves violaciones de derechos humanos del continente, entre el vergonzoso silencio de los medios de comunicación, siempre listos para escribir páginas de condena a los gobiernos integracionistas, pero siempre silenciosos respecto al infierno mexicano.

En 2009, la CNDH publicó un volumen titulado "Bienvenidos al infierno de los secuestros", en el que denunciaba el maltrato a los inmigrantes centroamericanos, y recogía innumerables testimonios relativos a la implicación de las autoridades mexicanas en los secuestros mismos.

En el informe se describen las características de los secuestros. El inmigrante suele ser detenido por la policía y vendido a las organizaciones delictivas, que lo conducen a lugares aislados, como la finca de San Fernando donde ocurrió la masacre en Tamaulipas. Aquí empiezan las palizas, el acoso, las violaciones y las torturas. El objetivo es obtener los números de teléfono de los familiares que permitan obtener rescates exorbitantes de los inmigrantes, casi todos muy pobres. En general, quién no puede pagar es asesinado.

La masacre de Tamaulipas se enmarca en este atroz contexto de 20,000 secuestros al año. Setenta y dos inmigrantes que probablemente no podían pagar fueron fusilados como en las masacres nazis. Lo hemos sabido sólo porque Freddy Lala, un joven ecuatoriano de 18 años, consiguió sobrevivir y dar la alarma, después de caminar durante más de 20 kilómetros con una bala en el cuello. O quizá fuera que, como en tiempos del Plan Cóndor o el genocidio de Guatemala, le permitieran sobrevivir para que contase la historia e indujese más terror. Los inmigrantes son víctimas, no cómplices". (Fuente. www.Gennaro Carotenuto).

Satricisoas.es.tl @manouscrita