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Opinión

El poder de los rumores

Por: Marisa Pineda

Hace ya un buen de años, por allá en 1898, Herbert George Wells publicó la novela La guerra de los mundos que trata sobre una invasión de marcianos a nuestro planeta. En 1938, Orson Welles la adaptó y la transmitió por radio como si fuera un noticiero, aquello se creyó tan real que la gente de Nueva York entró en pánico, veía marcianos por todas partes y se originó un caos que obligó a Welles a ofrecer disculpas a los radioescuchas. En 1968, en San Miguel Canoa, Puebla, cinco estudiantes intentaron escalar el volcán La Malinche, pero el mal tiempo los obligó a suspender su plan y a buscar refugio en el pueblo San Miguel Canoa, el párroco del lugar acusó a los fuereños de comunistas y el pueblo los linchó. ¿A qué vamos con esto? A que la sicosis derivada de aseveraciones que de manera irresponsable se sueltan pueden llevar a trágicas consecuencias, trátese de una supuesta invasión alienígena en Estados Unidos o de un vergonzoso caso real ocurrido en nuestro país. El primer hecho es ejemplo de la influencia de los medios de comunicación, el segundo de la facilidad con que se esparce un rumor cuando encuentra campo fértil. En ambos casos estamos hablando de momentos en que las redes sociales que existían eran las plazuelas, los mercados, los lavaderos o la salida de misa los domingos. Por muy prehistóricas que parezcan, esas redes bastaban para conocer vida, obra y milagros de cada familia y sus integrantes. Todo este argumento viene a colación por la sicosis que han creado los rumores de “robachicos” que pululan en las redes sociales vía internet. Podría asegurar que quien lee esto escuchó en su infancia de los “robachicos” o “robaniños”. No era extraño que las madres para asustar a los desobedientes le amenazaran con que si no hacía caso se lo iba a llevar el “robaniños”, y para afianzar lo dicho recurría al primer hombre que iba pasando para decirle “¿Verdad señor que se lo va a llevar (señalando al chamaco) porque no hace caso?” No faltaba el buen samaritano que por tal de ayudar respondía que sí, sin imaginar que el escuincle regañado lo contaba a sus amigos, esos a sus otros amigos, y así la plebada de entonces cuando veía al samaritano aquel de inmediato pegaba carrera gritando “ese es el robaniños”.

El instinto de protección maternal lleva a prestar atención y fe a todo aquello que amenaza a los hijos. Es comprensible y forma parte la naturaleza humana; sin embargo, tratándose de algo tan serio no está por demás verificar antes de dar por hecho algo que puede llevar a trágicos desenlaces —como el ocurrido en Puebla, donde dos hombres fueron quemados vivos—  pero, sobre todo, pueden llevar a desviar la atención de los verdaderos peligros que acechan a los niños y que a veces están más cerca de lo que uno imagina. Gracias por leer estas líneas. Comentarios y demás por favor en adosdetres@hotmail.com. En Twitter en @MarisaPineda. Que tenga una semana a salvo de rumores.