Opinión

El poder político no es garantía de razón

SUSTANCIA SIN RETÓRICA

Por  Saúl Lara Espinoza

Hay algunos personajes de la política local que confunden el poder con la razón. También observamos que existe la creencia de que ostentar un cargo público circunstancialmente es sinónimo de sabiduría.

Para que quede más claro, el poder no incrementa el coeficiente intelectual, aun cuando se jacten de tener ciertos estudios filosóficos o crean ser iluminados. 

Lo anterior lo decimos porque vemos en nuestro medio político, con cierta frecuencia, que se toman decisiones muy equivocadas o sin tacto. También de manera abrupta y sin razón.

Lo grave del caso es que muchísimos ciudadanos perciben a ese tipo de personajes con individuos que evidencian ciertas taras mentales y hasta demenciales. 

Esto lo observamos debido a que determinadas decisiones son acompañadas de expresiones inapropiadas y hasta vulgares de quienes las toman cuando son entrevistados, pues se advierte de manera evidentísima que ese tipo de individuos con poder público se conducen de manera sumamente torpe.

Aquí caben, de entrada, algunas preguntas concretas. ¿Qué acaso no tienen un grupo de asesores que los prevengan de ciertas decisiones que no son prudentes? ¿Dónde queda el equipo cercano de colaboradores o qué hacen para evitar abundante torpeza?, ¿o acaso no les interesa que su líder político tome decisiones torpes? ¿O será que quienes las toman no les importa la opinión de sus colaboradores, puesto que sus rasgos característicos de personalidad son jefes y no de líderes?

Las respuestas a esas preguntas dan pie a varias obras monográficas o colectivas, aunque las mismas están implícitas en las propias interrogantes. 

Así que no queremos pecar de explícitos, porque las respuestas son de sentido común o de lógica elemental, como lo es el ubicar a los personajes que se encuentran en esa tesitura en nuestro medio político. Ese o esos son en los que usted está pensando, amable lector.

Para mayores pistas —aunque no creemos que sea necesario—, algunos de los personajes de esa catadura ganaron de pura casualidad en las pasadas elecciones. 

Ya sabe la inmensa mayoría que algunos de esos personajes ganaron el proceso electoral por el hartazgo del pueblo, no por la capacidad y el liderazgo genuino. Tampoco fue por el carisma.

Incluso, alguien dijo por ahí, y de los mismos correligionarios, que algunos hasta se fueron de raite en el pasado proceso comicial. Otros porque salieron sorteados. Y no porque hubiesen tenido trayectoria y talento suficiente para la política práctica. Mucho menos de aquellos personajes que no saben controlar bien sus emociones, porque luego se ofuscan o se vuelven iracundos hasta con los representantes de los medios de comunicación cuando son entrevistados.

A esos personajes se les recomienda que cuando menos lean cuidadosamente y con esmero la obra de Daniel Goleman o de cualquier otro autor de su preferencia de esa línea del conocimiento.

O si no les gusta cultivarse, sería bueno que fuesen con algún experto en conducta para que trate su problema. 

También se les sugiere que no sean intransigentes o cerrados a sus ideas.

Si usted es político o. mejor dicho, si está en el poder público circunstancialmente, por favor no piense o esté en la falsa creencia de que su conducta es infalible y que siempre tiene la razón.