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El problema de la desigualdad

La pobreza que resulta de la desigualdad es uno de los problemas morales más graves de la sociedad y el Estado mexicano. Varias veces algunos jefes de Estado han pedido perdón por ello, pero el problema no cede. A cada gran crisis económica como la de 1995 y la de 2008 los esfuerzos multimillonarios para paliar la condición de pobreza de grandes franjas de la población mexicana quedan difuminados por los efectos de concentración y distribución regresiva provocados por la crisis. Sectores que previamente habían superado la franja de pobreza o grupos sociales que habían conseguido situarse en los umbrales bajos de las clases medias han regresado, en esas ocasiones, a condiciones de destitución social.

Según datos del Inegi, la distribución porcentual del ingreso per cápita desagregada por deciles de la población no ha variado estructuralmente entre 1984 y 2010. En 2010 los 5 deciles inferiores de la población recibían el 20% del ingreso per cápita, mientras que los 5 deciles superiores concentraban el 80%. Y la desigualdad entre el más bajo y el más alto era de casi 35%. La conclusión a la que llega uno de los más destacados especialistas en el tema, Fernando Cortés, es que "después de más de un cuarto de siglo las distribuciones del ingreso de los años 1984 y 2010 son prácticamente iguales" (http://www.inegi.org.mx/eventos/2013/desigualdades/doc/P-FernandoCortes.pdf). Para colmo, a medida que se sube en la escala de distribución del ingreso por deciles, se incrementa al coeficiente de Gini (según el cual 0 equivale a equidad perfecta y 100 a inequidad perfecta). Más de la mitad del índice nacional (que es 44) se explica por el coeficiente en el decil de mayores ingresos (que es de 25). Es decir, en el 10% de la población con mayores ingresos se registra la mayor desigualdad y a medida que se es más pobre (o menos "rico"), la igualdad se incrementa. La pobreza iguala mientras que la riqueza desiguala.

La concentración de la riqueza en unas cuantas manos es apenas una cara de la desigualdad. Hay que agregar las desigualdades regionales, raciales, étnicas, culturales, educativas, religiosas, de género, de edad, etc. Todas forman parte de un conjunto que somete a la mayor parte de la población a condiciones de vulnerabilidad sistemática. Aparte de ello debe tomarse en consideración la desigualdad histórica, centenaria. Desde la conquista y durante el periodo colonial, la mexicana fue una sociedad de clases y castas, lo que incluía, por ejemplo, la prohibición de matrimonios entre ciertas castas, siendo predominantes la criolla y la mestiza.

La desigualdad en México tiene, así, profundas raíces culturales que contradicen una y otra vez la igualdad que presupone el orden jurídico liberal-democrático. De ahí una de las razones por las que la "democracia" disminuye su prestigio entre la población. Latinobarómetro afirma que en México en 2002 el 63% de las personas apoyaban la democracia, mientras que en 2011 solo el 37%. Una caída de 26 puntos.

La desigualdad es el problema social más grande que enfrenta el Estado Mexicano. Sólo una política del conjunto del Estado puede atajarla. La democracia constitucional empieza en el establecimiento de un piso parejo para todos los jugadores del orden social y político. En México ese piso no existe y ni las reformas económicas ni las políticas han podido hacerle frente. Empero, hay que decir que, en descargo de las reformas políticas, la desigualdad política ha disminuido, si la medimos como acceso al voto y a alternativas de representación y gobernanza que compiten entre sí. Por más que andemos mal en el panorama conjunto, la mayor deuda proviene de la historia feudal y de la gestión de la economía pública.