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Opinión

El problema de las Fakenews ¿Por qué la gente las cree?

EL FONDO SIN FONDO

Por Diego Alberto Beytia Armenta

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Las mentiras o la pseudoinformación no son algo nuevo, existen prácticamente desde que la humanidad aprendió a comunicarse, pero lo que hace tan relevante este fenómeno hoy en día es la velocidad con la que se propagan. Internet y las redes sociales han sido medios ideales para la dispersión de las llamadas fakenews o noticias falsas.

Para explicar este fenómeno, Noam Chomsky, lingüista y politólogo estadounidense, plantea la “post verdad”, definida por Oxford como “el fenómeno que se produce cuando “los hechos objetivos tienen menos influencia en definir la opinión pública que los que apelan a la emoción y a las creencias personales”; en donde “las medias verdades” terminan siendo creídas no porque puedan ser comprobadas, sino por su repetición constante.

Chomsky considera además que como sociedad hemos dejado de creer en los medios oficiales porque se nos ha enseñado a desconfiar de ellos; por ejemplo, no creemos en el servicio de salud pública porque pensamos que el gobierno es corrupto, no creemos en los medios de comunicación porque pensamos que se han vendido a empresas o anunciantes y aunque no se suele tener pruebas concretas de ello (en algunos casos), esto no importa porque, como se mencionó anteriormente, este tipo de contenidos suelen apelar a lo irracional, a las emociones más que a la evidencia o a la razón.

Curiosamente, esto no es tan reciente como pareciera, si bien podemos relacionarlo con los medios de comunicación tradicionales y la desinformación y manipulación de la misma por medios escritos o la televisión, también podríamos relacionarla con la teoría de los ídolos de Francis Bacon que plantea que creemos más por lo que dicen nuestros aspectos y emociones que por lo que dice el entendimiento, es decir, que creemos lo que queremos creer y no necesariamente lo que es  verdadero.

Basado en esto podemos decir que un “ídolo” no es solo una persona en sí, sino que puede ser cualquier idea o pensamiento que elegimos creer porque va de acuerdo a nuestros ideales, nos hace sentir más tranquilos o simplemente por mero desconocimiento.

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Al final, cada uno de nosotros somos responsables de lo que queremos o decidimos creer, el asunto es prestar más atención a lo que dejamos entrar en nuestra mente y alimentar nuestro criterio para no seguir contribuyendo a que la expansión de la desinformación.

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