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El rebote

Uno de los reinos de la política, la negociación parlamentaria de las reglas del juego, ha sufrido en estos días una intoxicación grave. Pero no sólo por la enorme cantidad de iniciativas que esperan su aprobación en las dos cámaras del Congreso de la Unión, lo cual podría ser un problema de exceso legislativo, sino porque el país ha entrado a un cambio de lógica en donde se vive lo que se puede llamar un rebote autoritario.

El regreso del PRI con Peña Nieto necesitaba construir una nueva narrativa que limpiara la cara para gobernar un país plural, complicado y con problemas urgentes que resolver. No hay mucha diferencia entre el México del año 2000, cuando el tricolor perdió la Presidencia, y 2014, cuando la recuperó, pero sí ha habido algunos cambios que no se pueden desconocer: la falta de crecimiento económico, la competencia política, la crisis de inseguridad.

Hoy se tienen opiniones muy negativas sobre la satisfacción democrática y sobre la irrelevancia que puede tener la alternancia en el poder. Ante este panorama el PRI de Peña Nieto tenía la necesidad de hacer un gobierno eficiente, que pudiera sacar adelante proyectos atorados desde hace años. En ese contexto se puede ubicar la agenda reformista y los ajustes de cuentas que se hicieron a lo largo de 2013. El objetivo fue destrabar el cambio de reglas, y en ese proceso hubo de todo: desde el intento para recuperar la rectoría del Estado en materia educativa; reordenar intereses monopólicos en telecomunicaciones y radiodifusión; disciplinar actores incómodos (Elba Esther Gordillo); pasando por las emergencias que genera el crimen organizado y la descomposición social (Michoacán, Tamaulipas y lo que se acumule); aumentar la recaudación fiscal; hasta abrir la explotación de energéticos a la competencia. Una buena parte de esta agenda se hizo bajo el paraguas del Pacto por México. Lo que siguió al famoso pacto fue el regreso a la realidad, lo que se puede llamar el rebote autoritario.

El gobierno de Peña Nieto hizo mal sus cálculos y pensó que con la ola de legitimidad reformista le alcanzaba para los ajustes de las leyes secundarias, para la letra chica que marca los límites de las nuevas reglas. Así empezaron a llegar los contratos reales en iniciativas de leyes secundarias, en donde las promesas de las reformas se han vaciado de contenido, como sucedió con la reforma político-electoral y las telecomunicaciones. La autonomía de las nuevas instituciones como el IFETEL y el INE está bien para los discursos de los políticos; la competencia sirve será para los nuevos socios, porque los que ya están en el juego seguirán dominando el campo de su competencia. Si se pensó que el IFETEL sería el órgano regulador, pues ahora sabemos que le han bajado su perfil y sus facultades para que el gobierno conserve importantes palancas de control; si se pensó que el INE sería para tener una lógica nacional en la competencia por el poder, que pudiera garantizar un territorio parejo, ahora se ve que las múltiples cirugías plásticas que le han hecho al organismo electoral lo dejan como una institución deformada en donde el control partidista impregna los espacios de una autonomía comprometida.

Mañana se termina el periodo ordinario de sesiones del Congreso y ya se preparan los siguientes periodos extraordinarios para sacar las reglas que quedaron pendientes. Con la cultura política de dejar todo al final, y de tratar de imponer decisiones contrarias al interés general, en los últimos días se decidió despresurizar el rebote autoritario y hacer nuevas rondas de negociación para las próximas semanas. La vieja táctica de llevar al extremo temas sensibles para distraer la atención y cederlos como parte de una victoria a las oposiciones, como se hizo con la pretensión de controlar el Internet y las redes sociales, ahora ya no es suficiente. Se anuncia para junio la de Telecomunicaciones y se ha complicado la política-electoral.

El gobierno peñista tendrá que inventar nuevas estrategias para mantener la legitimidad, por ejemplo, cumplir su palabra, porque con las maniobras del gatopardismo no llegará lejos y el rebote autoritario le puede salir demasiado costoso al país…

@AzizNassif