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El retorno

HOY EN LA HISTORIA

A principios de 1910 arriba a Culiacán el ingeniero Francisco Sosa y Ávila, después de 14 años de ausencia. El exdirector del Colegio Rosales había partido de Culiacán en 1896, después de 9 años de residencia, tiempo que califica de suma importancia en su vida. Apenas pisó las calles de la vieja ciudad, Sosa y Ávila abordó un carruaje para recorrer los lugares que antaño fueron de gran significación para él. Sosa y Ávila contempla con admiración el nutrido grupo de estudiantes que acuden diariamente a las instalaciones del Colegio Rosales. Ante sus ojos, la ciudad le presenta una vista maravillosa. A cada paso que daba, Sosa y Ávila se extasiaba con Culiacán. Había cambiado mucho desde su partida. A sus templos los califica de muy limpios, de blanco y oro, con pavimento de mármol. Catedral era el centro espiritual más concurrido por los culiacanenses; el santuario del Sagrado Corazón estaba en construcción, lo mismo que el santuario de la Virgen de Guadalupe, en la muy conocida 'La Lomita', "desde cuyo elevado atrio se disfruta una vista completa de la ciudad a kilómetro y medio de distancia". Sin embargo, quien no había cambiado en su concepción liberal era él. Seguía pensando que el sacar procesiones y tañer campanas eran asuntos que nada dejaban. Pensar así lo había enfrentado con los alumnos del Colegio Rosales en 1888, lo que le había costado el cargo de director de la institución, al suprimir el gobernador Cañedo la plaza correspondiente. La nostalgia y tristeza lo invaden cuando se entera que sus mejores amigos habían muerto.

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