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El rey mexicano

ITINERARIO POLÍTICO

Ano pocos sorprendió el marcado interés que mostró un importante sector de mexicanos ilustrados —editorialistas, analistas, columnistas y editores de medios y presentadores de noticias—, por la llamada "monarquía democrática" española.

Y es que de golpe y porrazo todos o casi todos los arriba señalados parecieron ser expertos en el "rey viejo" de España, luego que el monarca anunció su decisión de abdicar a la corona. Bueno, poco falto para que —incluso—, admiradores de la monarquía española casi externaran su deseo y añoranza por un rey mexicano.

Sin embargo, lo que no recuerdan los admiradores de la monarquía española es que en México vivimos una peculiar monarquía sexenal, en donde el rey no tiene que abdicar cuando se convirtió en "rey viejo" sino que su gestión tiene horario y fecha en el calendario. Tiene fecha de caducidad. En efecto, cada seis años el presidente mexicano tiene muchos más poderes que el rey de España. El presidente mexicano es el jefe del Estado y del gobierno; tiene más y mayores facultades que el mandatario español; el presidente mexicano tiene inmunidad y salario de por vida y su poder es, por decirlo suave, infinito.

Los mexicanos que admiran la monarquía tampoco quieren ver que lo que cuesta la Casa Real a los españoles es una bicoca frente a la sangría para los impuestos de los mexicanos, comparado con el salario de un ministro de La Corte, de un consejero del IFE, un comisionado del IFAI o un magistrado del TEPJF. También es "pecata minuta" el costo de la Casa Real española, frente a la grosera millonada de pesos que cuesta al dinero público mantener a los partidos políticos y a las empresas familiares disfrazadas de partidos.

En España miles de ciudadanos protestaron contra la monarquía, por el fin de esa curiosa contradicción que significa la "monarquía democrática", y a favor de la república. Pero en México vivimos una grosera "monarquía estatal", también sexenal, en donde los gobernadores de las 32 entidades del país son auténticos virreyzuelos de horca y cuchillo, en cuyos territorios no se mueve una hoja del árbol sin la venia del monarca estatal en turno. Esos semidioses controlan el Congreso local, el Poder Judicial estatal, las alcaldías, la Comisión estatal de Derechos Humanos, el IFE local y… todo.

Pero la izquierda mexicana también tiene su propio rey en turno. Durante más de una década, el PRD fue escriturado al todopoderoso Cuauhtémoc Cárdenas, que no era más que el monarca de la izquierda, el hombre fuerte, el poder vertical, autoritario, nada democrático; que daba y quitaba vida y futuro político, el que tres veces fue candidato presidencial y sin cuyo aval no se movió una hoja del árbol amarillo.

Hoy, curiosamente en añoranza del reinado de Cárdenas, un puñado de perredistas que se dicen de izquierda y alardean de ser demócratas, pugnan por el regreso del rey viejo al PRD. Añoran al monarca, al padre todopoderoso, al hombre sapiente y al único capaz de dar y quitar. No les importa la democracia y menos la dictadura de las mayorías. Quieren vivir bajo el feudo del rey en turno. Y, claro, el rey viejo se deja querer. "Sí voy, si me aclaman", dice en abierta negación democrática. Curiosa concepción de la izquierda mexicana que se dice democrática.

Pero esos que quieren proclamar a Cárdenas como el nuevo rey de la izquierda mexicana son los mismos que en la segunda década del PRD adoraron a AMLO, lo convirtieron en más que un rey; en un mesías, al que quemaban incienso todos los días y a todas horas, a cuyo nombre sacrificaban doncellas y ofrecían todo tipo de tributos. Pues hoy todos esos "demócratas" de izquierda ya no quieren democracia y no quieren elecciones para ungir al nuevo jefe del PRD. No, quieren a un monarca. Porque si el futuro del PRD se deja al árbitro de la democracia, viene la debacle. El culto al monarca, al mesías, a la personalidad del rey, otra curiosa la idea de democracia de esa izquierda.

Pero existe otra "tara" en un sector de esa izquierda mexicana. Además de que un sector adora al viejo PRI y sus prácticas nada democráticas y otro sector quema incienso a la dictadura de los Castro en Cuba, no faltan los más locuaces —como René Bejarano y Dolores Padierna—, que llaman a los mexicanos a imponer en nuestro país un modelo de "dictadura democrática", como la de Nicaragua, Venezuela y otras naciones del sur del continente.

Por lo menos el monarca español mostró vergüenza para abdicar. ¿Cuántos virreyzuelos o monarcas sexenales mexicanos quisieran seguir de por vida? Al tiempo.

www.ricardoaleman.com.mx twitter: @ricardoalemanmx