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Opinión

El río que riega la región del Évora: un espacio entre la sierra, el valle y el litoral sinaloense

ESPECTADOR

Por Jesús Rafael Chávez Rodríguez

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La región del Évora representa a un territorio que conjunta parte de los altos y los valles agrícolas del espacio Sinaloense, compuesto básicamente por los municipios de Mocorito, Angostura y Salvador Alvarado, en una zona intermedia ubicada a 100 kilómetros de distancia de Culiacán y a 100 de Los Mochis cuyo centro regional es ocupado por Guamúchil actualmente. 

Este espacio ha sido denominado así, desde hace casi cinco siglos, debido a las incursiones que realiza el portugués Sebastián de Évora, personaje que acompañaba a Nuño Beltrán de Guzmán en sus expediciones y a quien se la atribuye haberlo descubierto. Aunque su denominación de inicio implicaba solo al río, en lo posterior se propagó la denominación al valle o a la región.  

Este espacio territorial del Évora, se encuentra conformado por una gran variedad de elementos naturales y humanos, los cuales caracterizan a la mayor parte del estado de Sinaloa. Es un espacio multiforme y diverso que reúne condiciones de índole diferenciada, con posibilidades de desarrollo muy amplio al integrar sus elementos, pues presenta una parte conectada a la zona montañosa, donde en una época tuvo auge la actividad minera con la villa de Mocorito como centro; ahí es donde se forma el río Évora o también llamado Mocorito, el cual baja e irriga las tierras del valle y desemboca –por lo regular en tiempo de lluvias– a la parte costera, donde existieron algunos puertos de cabotaje, que en conexión con puertos de altura como Mazatlán llegaron a ser de importancia regional.   

La región del Évora es una muestra de la heterogéneidad dentro del contexto sinaloense, ya que conjunta una parte de elementos geográficos como montañas, llano y litoral, para conformar una pequeña unidad dentro del estado, la que a su vez se encuentra en una región más amplia, para el caso del noroeste de México que Bassols Batalla presenta como la región económica que comprende los estados de Sonora, Sinaloa, Nayarit y las dos Baja Californias. 

Tomando como referencia la morfología del estado de Sinaloa, puede verse que los ríos han sido elementos históricos indispensables para el asentamiento de grupos humanos en sus deltas. En la amplia época de predominio del sistema de navegación marítima, hasta principios del siglo XX, los caminos transversales paralelos a los ríos fueron los que determinaron la dinámica de los medios de transporte, respondiendo a actividades como la minería y su comercialización. Por esta razón, las principales villas y ciudades se situaron en los márgenes de los ríos para el abastecimiento de sus actividades y para la agricultura de subsistencia, además de situarse, por lo regular, en zonas intermedias de los valles costeros y la sierra Madre Occidental, como es el caso de Culiacán y las villas de El Fuerte, Sinaloa y el que nos ocupa, Mocorito.   

La importancia de los ríos no ha sido trivial para Sinaloa, pues ya entrado el siglo XX, con la generalización de la agricultura comercial, éstos, combinados con el ingenio e innovación de sus habitantes, se convirtieron en pivotes para el florecimiento de los valles agrícolas, sobre todo en el norte de Sinaloa y sur de Sonora. No es casual que los valles de mayor importancia agrícola en el Noroeste sean los de Culiacán, del Fuerte, del Mayo y del Yaqui, pues cada uno de ellos se encuentra dentro de la cuenca hidrológica de sus consabidos ríos.     

Sinaloa se caracteriza por poseer un paisaje fluvial de gran importancia a nivel nacional. Sus ríos lo han transformado, sobre todo en el transcurrir del siglo XX, pues se han aprovechado las aguas que forman sus caudales convirtiéndose en invaluable riqueza.  

Son numerosos los ríos que riegan el territorio de Sinaloa: casi todos tienen su origen en la falda occidental de la Sierra Madre, fluyendo con dirección sur oeste para ir a derramar sus aguas en el Océano Pacífico o en el Golfo de California, que también se llama mar de Cortés o mar Bermejo. Las circunstancias de que los ríos tienen un rápido descenso, los hacen en general ofrecer ventajas para la canalización y para su aprovechamiento en potencias hidráulicas y de riego.  

El río Évora, uno de los 11 ríos del estado, es el de menor dimensión y sólo en tiempo de lluvias llega a su desembocadura, nace en un desprendimiento de la Sierra Madre Occidental y se introduce al distrito de Mocorito, desde Badiraguato, en un cerro denominado de Sierrita de los Parra. Nace de distintos arroyos, como principal en arroyo de Sauz, los arroyos del Salto, del Valle y del Palmar, para desembocar en el mar, en el litoral, al sur de Playa Colorada. 

El cauce del río, que presenta poca profundidad y tiene a uno y otro lado depresiones que durante las avenidas y con la precipitación pluvial se llena de agua, formándose así pequeñas lagunas. Sólo una de estas denominada laguna de Chumpolihuixte, tiene importancia por su magnitud y en épocas de lluvia alcanza unos 3 km. de longitud con una anchura de trescientos metros, aunque no muy profunda. Con estos elementos adicionales, las corrientes de los ríos benefician, en primer lugar a las tierras que se encuentran a su paso en los valles, y en segundo a las que se encuentran más allá de las márgenes que, a pesar de no estar cerca del agua, son tierras fertilizadas que vienen de las montañas por las grandes inundaciones, y que con el transcurrir del tiempo se convirtieron en las llamadas tierras de aluvión, que son tierras de alta calidad, aptas para la agricultura.  

El río Évora propicia esta actividad especialmente en el valle de Angostura. Cuenta Herberto Sinagawa que al llegar a Angostura, el río se divide en dos partes, una de las bifurcaciones alimenta el arroyo de Angostura. A pesar de representar uno de los ríos menos caudalosos, en tiempos de lluvia la corriente del río fue un riesgo para la perdida de siembras por inundación. Así es como se hace necesaria la intervención del ingenio humano para el aprovechamiento de las aguas con tal de evitar pérdidas y desastres.  

Por tal razón, en esta región existe una fuerte tradición en la construcción de canales por parte de particulares desde finales del siglo XIX, y ya en el siglo XX, mediante inversión federal, las grandes construcciones de la presas como la Eustaquio Buelna, finalizada en 1972.

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Gracias a la riqueza natural de espacio sinaloense y al empuje de sus habitantes, los valles agrícolas sinaloenses se han convertido en los más fértiles de México. Y en la región particular del Évora, el valle de Angostura y su extensión hacia el valle de Pericos, Mocorito, son un bastión para la producción agrícola regional, con Guamúchil como centro de gran parte de sus operaciones comerciales. 

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