Opinión

El solo canto de El Jona

Por: Carlos Marín

Aunque abundan personas injustamente encarceladas y muchas más que cometieron crímenes de poca monta pero se pasan años mezcladas con peligrosos delincuentes, no es el caso, desde luego, de la mayoría o todas las 34 del caso Iguala por las que aboga la oficina en México del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, a partir de la sospecha de que fueron torturadas.

Ejemplo notable de ese enfoque (coincidente, aunque parezca descabellado, con la postura defensora de los asesinos de sus hijos adoptada por los padres de Los 43 y sus abogados), es el de una supuesta “víctima” de verdugos del Ejército, la Marina, la PGR y la PF: Jonathan Osorio Cortés, alias El Jona.

Si conocen el expediente, nadie de quienes abogan por el sicario puede ignorar la declaración ministerial, la pericial psicológica y la participación que tuvo en la reconstrucción de hechos en presencia de su abogado, donde consta que sin coacción alguna da su versión con detalles aterradores de la matanza que se cometió con los jóvenes que aún vivían y de la quema de sus cuerpos en el basurero de Cocula...