Opinión

El teléfono y el ampáyer

Por: Filiberto Inzunza

El teléfono y el ampáyer

El teléfono y el ampáyer

“Libero del teléfono a mi mente, abierta a la paz, la armonía, la salud, el amor y la abundancia. Así, cuando la duda, la ansiedad, o el miedo traten de telefonearme, seguirán recibiendo señal de ocupado y así pronto se olvidarán de mi número.”

Pero al que no se le olvidó el número, y menos el teléfono, fue al ampáyer. La anécdota la platicaron, pero no dieron nombre. Y eso sería bueno conocerlo. Cuentan esas malas lenguas, chismosas, en el comadreo, habladurías, murmuraciones, patrañas, enredos, calumnias, fábulas e historias, que a equis ‘hombre de azul’, en pleno trabajo atrás del home plate, le sonó el celular. ¡Time! , gritó despavorido. Se dio la media vuelta, giró su mano y se llevó el auricular al oído.

Caminó algunos pasos rumbo al graderío, luego hacia la primera base, se regresó y se detuvo frente a una de las casetas. La llamada se alargó. Los aficionados querían: ¡juego, juego, juego! Al final de cuentas, murmuró el ampáyer: ¡Era número equivocado!

Colofón. Y a propósito de bachis, yaflor, pirrifisis, -traducción- “La distancia parece interminable y no tiene fin”. ¡Ai’sí! Todo ese cuento se dio ahí abajo del puente blanco, a donde acuden cientos de aficionados al beisbol de casa en The Rosca City.

Entre el barullo, expresan que es un ampáyer reconocido y que también trabaja en la capital del estado. Está en los mejores eventos y sanciona partidos de las mejores ligas. Será un trabajo de investigación de la araña negra, y todo por un ring, ring.