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Opinión

El testigo silente de la municipalización de Guamúchil: Amado Rivera Quiñones

ESPECTADOR

Por Jesús Rafael Chávez Rodríguez

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En todos los pueblos existen personajes y anécdotas interesantes y sorprendentes al momento de escribir sus historias. Amado Rivera Quiñones es un ejemplo de eso. Un ciudadano común, mimetizado en el pueblo de Guamúchil desde 1945, fecha en la cual le ofrecieron el trabajo de telegrafista en Telégrafos Nacionales, permaneciendo como administrador en la sede de Guamúchil hasta el día de su jubilación.  

Nacido en Mocorito, aunque considerado desde lejanos tiempos guamuchilense, don Amado nos revela parte de sus vivencias en el devenir de este su terruño, así como su experiencia durante uno de los acontecimientos más importantes de la localidad de Guamúchil: la municipalización en el año de 1962.     

Como ya mencionamos, don Amado llegó a Guamúchil en 1945, en su recuerdo describe a la localidad como un rancho grande, y relata que las personas se conocían todas, “si llegaba alguien de fuera fácilmente lo reconocíamos. Era un pueblo de verdad muy tranquilo, había muchos que dormían en las banquetas de sus casas o con las ventanas abiertas, a veces sólo ponían una silla en la puerta”. 

El movimiento comercial y de personas durante la época -recuerda don Amado- se concentraba en las calles Ferrocarril, Independencia y Libertad (lo que es hoy Silverio Trueba) y por la calle Rosales hasta la Escobedo, “para el otro lado de la iglesia ya no había casas, entre el panteón y la iglesia había cuando más dos casitas, lo demás eran cercos y monte. En la parte de atrás de la escuela y la plazuela había una explanada donde se jugaba beisbol, pues ese era el deporte que se practicaba, el futbol ni se conocía. Recuerdo que en una ocasión vinieron a jugar unos americanos de color, les decían “Los Negros de Tucson” andaban de gira por estos rumbos y llegaron aquí, después siguieron, no se para dónde.”  

Asimismo, menciona que “después que construyeron el Mercado Pablo Macías Valenzuela en 1948, contiguo a la plazuela, desapareció el improvisado campo de beisbol, donde se disputaban los partidos de la liga regional. Fue un año después cuando se construyó un estadio de beisbol con mejores condiciones, pues contaba ya con gradas de madera y techumbre; el lugar de su ubicación fue donde actualmente se encuentra la Unidad Administrativa y el hospital del IMSS. El mercado nuevo que está atrás de la Escuela Urbana se construyó hasta 1980.”  

Al preguntarle sobre su participación en el movimiento pro-municipio libre de Guamúchil, don Amado nos remite a su labor de telegrafista en este lugar, por lo que nos comenta que “el telégrafo era un medio de comunicación muy solicitado para la época, muchos de los mensajes se enviaban por este medio. Nosotros trabajábamos de ocho de la mañana a ocho de la noche, y en ocasiones nos quedábamos hasta más tarde, más cuando era año nuevo o navidad, que todos querían mandar algún mensaje, entonces recibíamos todo los que enviaran y dejábamos de trabajar hasta que enviaban el último”.   

Nos cuenta que fue en 1962 -sin precisar el día exacto- que llegó un telegrama de la capital, era para el Lic. Roberto Macías Fernández. Recuerda haber quedado admirado por la noticia que iba quedando inscrita en el papel: “yo supe lo que decía, pues, había que interpretar la clave Morse y por lo tanto conocer el contenido, esto, porque la información que llegaba era confidencial y nosotros respetábamos a cabalidad esta disposición. Al tener en mis manos el documento, me dispuse a llevarlo a la casa del licenciado, ya que en ese momento no se encontraba ninguno de los tres mensajeros que trabajaban en la oficina. No se lo pude entregar personalmente al Lic. Macías ya que no se encontraba en ese momento en su oficina y se lo dejé a su secretario Armando C. López, quien fue el primero en saber formalmente la noticia de la municipalización. Pronto él se lo dio a conocer a Lic. Roberto Macías, y éste a su vez al pueblo de Guamúchil, sin duda que fue un día de alegría para el todo el pueblo.”  

Este particular evento convirtió a don Amado Rivera en el primer habitante del pueblo de Guamúchil en enterarse de la esperada noticia, un movimiento que había empezado desde 1957 y que los guamuchilenses esperaban con ansias.  

Sin embargo, la mayor expectativa sería los cambios por venir en el novel municipio, don Amado alude que “fue en primera administración donde se vio que las nuevas autoridades empezaron a organizar el naciente municipio, eso le tocó a Alberto Vega Chávez. Aunque, habría que decir que no se vio mucha obra, eso le toco iniciarlo al Dr. Alfredo Díaz Angulo”. 

Recuerda que en 1962, cuando se cambió a vivir a la esquina de Javier Mina y Rosales en la otra esquina de la Iglesia, todavía no contaban con agua potable, inclusive a la gente se le hacía lejos llegar hasta ese sitio, a este sector se le conoció en un tiempo como barrio de la capilla. 

Destaca que la carretera fue un elemento que fortaleció el crecimiento de Guamúchil, aunque ya pasaba el ferrocarril. Señala que “allá por los 50’s pasó también la Carretera Internacional, es cierto que los de Mocorito querían que pasara por allá, por una línea que fuera de Pericos a Sinaloa de Leyva tocando su villa, pero no fue así, de nuevo les saco la vuelta, y de nuevo pasó por Guamúchil, como el ferrocarril a inicios del siglo XX.”    

Cuando se construyó la carretera no se terminaron los puentes, el puente blanco de Guamúchil se construyó después de la carretera, recuerda que “en las crecientes del río, que en ocasiones eran muy fuertes, se tenía que pasar por el puente Negro, es decir el puente del Ferrocarril. Se comunicaban los del tren con las personas de aquí para intercalar el paso del mismo tren, con el de automóviles y gente de a pie. En 1955 se estaba construyendo el puente blanco, y a los trabajadores les pareció fácil dejar el material de construcción, como piedras, grava y arena en el paso del río, de pronto se vino una corriente muy grande, al encontrarse con el material a su paso, el cauce se desvió y provocó una gran inundación en el pueblo, pues en su paso implacable se abrió paso por la calle ferrocarril. Poco a poco la misma corriente derribó el material y volvió a su cauce natural”.

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Para don Amado Rivera, un habitante particular de este pueblo, “el desarrollo de Guamúchil ha sido poco a poco, teniendo en cuenta que a este lugar han llegado muchas personas de fuera, de Mocorito, de la sierra y de otros estados, muchos vienen a negocios, a comprar o a vender, pero también muchos han venido a quedarse a vivir. De la sierra por ejemplo, han venido muchos a traer a sus hijos a estudiar y se han establecido aquí. Guamúchil es un lugar prestador de servicios, tiene buenas escuelas y muchos médicos especialistas, que son muy demandados por la gente de los pueblos cercanos”. 

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