Opinión

El testimonio de los mártires

LA VOZ DEL PAPA

Por: José Martínez Colín

1) Para saber. El papa Francisco hizo estos días un viaje a Corea y exhortó a acoger en el corazón la luz de Cristo y reflejarla "en una vida llena de fe, esperanza y amor, llena de la alegría del Evangelio". Todos estamos llamados a ser portadores de esa esperanza. Con su testimonio, los mártires coreanos, Paul Yun Ji-chung y sus 123 compañeros, beatificados el 16 de agosto por el papa Francisco. Resplandecen con la luz de Cristo resucitado.

2) Para pensar. Paul Yun Ji-chung nació en el año 1759 en el seno de una noble familia. Era inteligente y estudioso. Estudió la doctrina católica por tres años y fue bautizado. A su vez, Paul Yun le enseñó el catecismo a su madre, a su hermano y a su primo, James Kwon Sang-yeon, introduciéndolos así a la Iglesia Católica. Paul Yun renunció a sus ritos ancestrales, y cuando su madre murió, se celebró la Santa Misa en vez del rito confuciano, lo cual enojó a la corte real y lo arrestaron. Aunque trataron de persuadirlo de renunciar a su fe y que delatara a otros católicos, no lo consiguieron. Paul Yun refutó la irracionalidad de sus ritos confucianos, mostrando la verdad de la doctrina de la Iglesia Católica. Esto los enfureció y el rey ordenó su ejecución. Fueron decapitados por odio a la fe mientras oraban a Jesús y María. Paul Yun tenía 32 años. Corea es uno de los países que más han padecido crueles persecuciones contra la fe católica. Hubo más de 10 mil mártires. La gran mayoría eran laicos; hombres y mujeres, jóvenes y viejos.

3) Para vivir. Decía san Juan Pablo 2 que la muerte de estos mártires no fue en vano, sino que se convirtió en la levadura de la Iglesia y ha dado lugar al actual espléndido florecimiento de la Iglesia en Corea y al sostenimiento de los cristianos que padecen en Corea del Norte. Hemos de vivir dando testimonio de nuestra fe y mostrar nuestro amor a Jesús. Paul Yun, antes de morir, en su última carta, exhortaba a ser fieles. "Doy fin a esta carta. Les ruego que andéis en la fe, de modo que cuando hayan entrado finalmente en el Cielo, podemos saludarnos unos a otros. Les dejo mi beso de amor".

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