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Opinión

El tren de pasaje, sólo el recuerdo queda

Por: Rosario Oropeza

Que la reforma energética bajaría las tarifas de la luz, nos dijeron; mas todo resultó un vil engaño, y el descuento equivale a tan sólo un centavo por kilowatt-hora. Nada.
Era bonito y hasta resultaba romántico viajar en el tren de Culiacán a Nogales o a Guadalajara, en aquellos tiempos en que existía el Ferrocarril del Pacífico, llamados: “El Burro” (por su lentitud), “La Bala” (por su rapidez) o “El Sinaloense”, que se puso en marcha en la administración del gobernador Francisco Labastida, pero que no prosperó. De todo ello, en esta parte de Sinaloa sólo el recuerdo y la nostalgia quedan; aunque todavía opera “El Chepe”, que va de Los Mochis a Chihuahua y que nació por allá en 1899, con el ferrocarril Kansas City, México y oriente, de capital norteamericano, cuya iniciativa fue de Albert K. Owen, quien pretendía unir por vías a Topolobambo con Kansas, pero sólo llegaba a Ojinaga. En 1882 tuvimos otro ferrocarril muy local, “El Tacuarinero”, que se llamaba Ferrocarril de Occidente, de capital inglés y que cubría la ruta de Culiacán a Altata. Luego surgió “El Sud-Pacífico”, propiedad de la Southern Pacific que en 1909 unía a Mazatlán con Empalme Sonora y en 1927 logró extender sus vías hasta la ciudad de Guadalajara.
Posteriormente, entre 1936 y 1947, otro tramo ferroviario unió al “Sud-Pacífico” hasta Pascualitos, en Mexicali, con Empalme, sin dejar de cruzar por Peñasco, el desierto de Altar y Benjamín Hill. Hoy, todo esto es historia. El ‘pitido’ de las locomotoras sólo lo escuchamos de vez en cuando con el tren carguero.