Opinión

El verde de la bandera

BANDERA

Por  Rodolfo Peña Farbel

El siglo XIX se inició con el contexto de la marabunta de las ideologías desatadas por la revolución francesa de 1789, fraguada y dirigida por los judíos de Inglaterra, cuyos propósitos esenciales fueron acabar con las monarquías y la iglesia católica (la famosa guerra contra el Trono y el Altar), porque eran ambos el estorbo para la realización del reinado judío universal, como “pueblo elegido por Dios” sobre todos los pueblos del mundo.

Creo que ese fue el comienzo de la llamada “revolución permanente” que hoy todavía funciona y de ella surgió Napoleón, quien, al invadir España, acarreó a la masonería en ella y secuestró a la familia real, lo cual hizo temer a todos los americanos que también invadiera las colonias españolas de América, lo que dio lugar al deseo de independencia, pero contaminado de las consignas revolucionarias de los perversos llamados “derechos del hombre y del ciudadano”.

La independencia del color verde es símbolo de esperanza, de fe y confianza en nuestro caso, en los destinos de la nueva nación bajo el amparo de Dios, como quedó plasmado después en las estrofas de nuestro Himno Nacional y como rogaron y juraron ante él todos los próceres que protagonizaron los difíciles momentos y acciones que dieron lugar al México que tenemos.

Ellos hicieron bien las cosas, pero no al gusto de los obsesionados por la revolución judeo-masónica, quienes se vengaron aniquilando a Iturbide y endilgándonos el sistema político republicano, incomprensible e inmanejable para nosotros, que desató desórdenes posteriores, desunión, ruina y mucha incomodidad. No tenemos república ni federación ni Estados. Solo México entero es un estado.