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El voto de conciencia

ITINERARIO POLÍTICO

Dice socarrón, con una risa fingida, que los estatutos de su partido, el PRD, lo facultan para dar línea a los diputados y senadores que representan al partido amarillo en el Congreso de la Unión.

El que hace la anterior declaración es Jesús Zambrano, presidente del PRD, quien de esa manera defiende lo que parece indefendible: que durante el debate de las leyes de telecomunicaciones en el Senado de la República —y por instrucciones del propio Zambrano—, los senadores amarillos votaron el bloque contra esas leyes.

Y es que más allá de la transcendencia de la importante legislación de telecomunicaciones —reforma que de suyo es histórica—, buena parte de opinión pública y de la clase política mexicana, se sorprendió por la aparición, en el PRD, de una práctica parlamentaria que no pocos creían exclusiva del PRI y propia del estalinismo vertical, autoritario y nada democrático.

Por eso, cuando Zambrano acudió al Senado a imponer el voto de la dirigencia en contra de las leyes de telecomunicaciones —a pesar de que un puñado de senadores había defendido esas leyes en la tribuna y otros tantos habían dicho que votarían a favor—, muchos se quedaron con la boca abierta por la contradicción y compararon al PRD de hoy con el PRI de los años 80, cuando en el viejo partido tricolor no se movía una hoja sin la línea dictada por el presidente.

Y tiene razón Jesús Zambrano, cuando dice que los estatutos de su partido señalan que los grupos parlamentarios defenderán las líneas dictadas por los órganos de dirección; sea el Consejo Nacional, sea la dirigencia nacional, que encabeza el propio Zambrano.

Sin embargo, el presidente del PRD olvida dos pequeños detalles que hacen o debieran hacer la diferencia entre el viejo PRI del partido único, vertical, autoritario y nada democrático —de las décadas de los años 70 y 80, y un partido de izquierda, democrático y moderno. ¿Y cuáles son esas diferencias?

La primera es que en una democracia representativa como la mexicana, el factor más importante, la razón de ser y el centro de esa democracia, es el ciudadano. En toda democracia representativa los ciudadanos, en su papel de electores, depositan el mandato en los objetos de esa democracia, que son los diputados y/o senadores.

Por tanto, los mandantes —y si se quiere los patrones de los diputados y los senadores—, son los ciudadanos, no el partido y menos la dirigencia o su Consejo Nacional. En realidad, cuando los ciudadanos depositan el voto en un candidato a diputado o senador y lo llevan al Congreso, están delegando su representación y su mandato en los candidatos, no en el partido y menos en su dirigencia. Así, los diputados son los mandatarios de los mandantes que, al mismo tiempo, son los ciudadanos.

¿Por qué entonces un dirigente, como Jesús Zambrano, insiste en que los diputados y/o senadores del PRD deben colocar el interés del partido o de la dirigencia de los amarillos, por encima del interés ciudadano?

Aquí es donde entra en juego el segundo detalle que olvida Zambrano. Nos referimos al llamado voto de conciencia, que pocos conocen y muchos más en la clase política mexicana prefieren ignorar. ¿Qué es el voto de conciencia? Es la piedra de toque de la política. Y eso lo debía saber como nadie el señor Zambrano.

Resulta que un político —de la ideología o el partido que se quiera—, sea diputado, senador, dirigente o gobernante —igual que un intelectual, escritor o periodista—, tiene una responsabilidad fundamental, prioritaria e indeclinable, con su conciencia.

La responsabilidad primaria, fundamental de un político, de un intelectual, escritor o periodista es con su conciencia, por encima de su creencia, de su partido, del grupo político al que pertenece, de su religión, de los estatutos del partido; por encima del color o la tendencia de tal o cual gobierno.

Si la conciencia de un político —como la de un escritor, intelectual o periodista—, dicta que la línea y el interés de su partido es incorrecta, es mentirosa; dicta que no defiende el interés mayoritario, el interés de quienes lo eligieron, entonces la conciencia de ese político le dictará votar en sentido contrario al interés de su partido.

Y, en efecto, los estatutos del PRD pueden decir que resulta legítimo dictar línea a un diputado o senador. Y, en efecto, el presidente del PRD puede dictar línea y hasta puede creer que esa línea es la correcta, pero no puede imponer su pensamiento y su propio interés, por sobre el pensamiento y la conciencia de diputados y senadores de su partido. Y si, el PRD de hoy es igual al PRI de los años 80. Al tiempo.

www.ricardoaleman.com.mx twitter: @ricardoalemanmx