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El voto de las coaliciones

El PAN amenazó que de reabrir el expediente de la reforma electoral, no participaría en la votación de la reforma energética. El cambio como quiera se dio en la Cámara de Diputados pero fue congelado en la de senadores.

Seis partidos (todos menos el PAN) han interpuesto una controversia de inconstitucionalidad ante la Suprema Corte, del artículo 87 de la Ley General de Partidos Políticos. Se trata de la forma de contabilizar los votos que erróneamente sean emitidos por más de un partido que formen una coalición electoral.

La propuesta —que está vigente— del PAN implica que cuando por error un elector cruce en la boleta el logotipo de más de un partido que forman una coalición —pues se debería cruzar un solo emblema— el voto contará para el candidato pero no para los partidos en cuestión (considerando que ese voto les sirve para efectos del registro, la asignación de curules plurinominales y para fijar su financiamiento). La propuesta del PRI —que estaba vigente antes de la actual reforma— estipula que en tal caso los votos equivocadamente cruzados se dividan por partes iguales para los partidos que conforman la coalición.

Todo indica que el PRI reabrió dicho expediente para favorecer a su aliado, el PVEM, al cual, como partido menor, le perjudica que votos erróneamente cruzados no valgan para efectos de financiamiento y de reparto de curules plurinominales. Y el PRD se sumó a dicha iniciativa pues también cuida de sus aliados. Más allá de la animadversión que despiertan los partidos pequeños (por su carácter personalista o familiar), habría que preguntar cuál de las dos alternativas resulta menos injusta.

La fórmula del PAN genera algo de injusticia, considerando que se basa en una reforma previa según la cual cuando los partidos van en coalición (y en los estados podrán hacerlo en la rehabilitada candidatura común), aparece su logo en la boleta de manera diferenciada para determinar qué porcentaje del voto obtiene cada partido para preservar su registro, el reparto de curules plurinominales y determinar su financiamiento público. Antes de ese cambio los pequeños partidos aprovechaban el aporte que podían dar a los grandes, para conseguir acuerdos de coalición leoninos, en donde se les adjudicaba un porcentaje de votos mucho mayor del que podrían obtener por sí mismos. En esa medida, esa reforma fue más justa, pero genera el inconveniente de que muchos electores pueden equivocarse marcando todos los partidos de la coalición en lugar de uno sólo, el de su preferencia. Y ese error lo pagan actualmente los partidos pequeños al restarles posibles votos para los efectos previstos.

Sin embargo, la fórmula que promueve el PRI también resulta injusta, pero en favor de los partidos pequeños, pues es probable que la mayoría de los votos erróneamente cruzados por más de un partido, de serlo correctamente por un solo partido, se haría en mucho mayor medida a favor de los partidos grandes y no de sus pequeños aliados. Con la fórmula del PRI, al especificar que los votos erróneos se dividan por partes iguales, los partidos pequeños medran de sus aliados mayores (aunque no en la magnitud en que ocurría cuando había un sólo logotipo por coalición).

¿Hay alguna alternativa más justa que esas dos propuestas? Me parece que sí; se pueden validar los votos erróneamente cruzados por todos los partidos que forman la coalición, pero el reparto entre ellos no debería ser igualitario, sino a partir de la proporción de votos correctamente emitidos que recibió cada partido. Así, si por ejemplo el PRI recibió 90% de los votos correctamente emitidos por la coalición, y el 10% restante fueron para el PVEM, entonces los votos erróneamente cruzados deberían distribuirse bajo esa misma proporción. De esa forma, el sesgo provocado por el error de los electores al emitir su voto por una coalición, se reduciría a su mínima expresión, no afectando injustamente, pero tampoco favoreciendo, a los partidos pequeños.

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