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Elección blanquiazul

El PAN enfrentó su contienda por la dirigencia nacional en medio de un fuerte pleito que se fue gestando durante la presidencial de Felipe Calderón, cuyo estilo personal de gobernar y de relacionarse con el partido generó fuertes divisiones, aderezado por la contienda interna para la candidatura presidencial y la monumental derrota del partido, que lo llevó del poder al tercer sitio.

Contó también el hecho de que Josefina Vázquez Mota no se hiciera voluntariamente a un lado para permitir que el precandidato oficial, Ernesto Cordero, fuera el abanderado, y de que la propia Josefina ganara esa contienda en buena lid. Y es que Felipe Calderón no dejó moverse a los miembros del gabinete para buscar esa distinción y cuando lo hizo, quedaba poco tiempo para posicionarse (en tanto que Josefina llevaba en campaña desde que llegó a la coordinación de la diputación panista). También el hecho de que Gustavo Madero participara en el Pacto por México, cuando la posición de los calderonistas es que eso implicaba favorecer al PRI, mismo que no quiso contribuir a las reformas estructurales durante los dos gobiernos del PAN. Una posición, la de Cordero, más bien vindictativa contra el PRI que de razonamientos y argumentación. El hecho de que Madero haya promovido la participación del PAN en las reformas estructurales lo hace blanco de ataque como supuesto Pro priísta , y antipanista. Ha sido también más autocrítico de los errores y fallas del PAN mientras estuvo en el poder, lo que contrastó con la posición más bien defensiva de Cordero, que insiste en que los dos gobiernos del PAN fueron buenos, exitosos, y de los que habrían los panistas que sentirse orgullosos. Así, Madero apareció en el discurso de Cordero como antipanista y propriísta. Las acusaciones de corrupción vinieron fundamentalmente del campo corderista contra Madero, que en efecto no ha sido muy enérgico para investigar las denuncias en ese sentido, pero al mismo tiempo implica que Cordero omite todo viso de corrupción que se generó durante los gobiernos panistas. Presenta un panismo gobernante impecable, frente a una dirigencia corrupta, como si el lodo no manchara todos los flancos de ese partido, con lo que perdió su fama de ser conciencia crítica de la clase política, así como su tradición en la denuncia contra la corrupción y la impunidad. Ahora comparte con todos los partidos – sin excepción - la fama de corrupción, impunidad y opacidad.

Por otro lado, el partido tomó la decisión, justo en este ambiente de la confrontación, de abrir por primera vez esta elección a la militancia partidista, lo que, por muy democrático que se vea, abre las puertas a sospechas y confrontaciones, como varias veces lo hemos visto en el PRI y el PRD. La democracia interna de los partidos en materia de elecciones eleva las probabilidades de confrontación y desconocimiento de los resultados, al haber acusaciones de compra o inducción del voto, falta de equidad en el proceso o uso de la maquinaria partidista en favor de su titular. Y acusaciones las hubo de sobra.

Por eso, lo mejor que le pudo pasar al PAN es que el ganador (cualquiera que fuera) ganara con un gran margen, como ocurrió, pues eso desactivó el probable desconocimiento del resultado y la impugnación del proceso, lo que hubiera dejado al partido en una situación aún más vulnerable. Cordero se vio prácticamente obligado a reconocer el veredicto, pero eso no significa que haya la disposición de cerrar filas y heridas, para apresurar el proceso de recomposición del partido. Recordemos cómo Cordero reconoció la victoria de Josefina Vázquez como candidata presidencial, pero eso no se tradujo en apoyo ni respaldo real. Falta por ver si hay una operación cicatriz eficaz, o las fisuras se van a prolongar todavía más tiempo. De ello depende en buena parte que en la elección de 2015 (para la cual se eligió a esta dirigencia) el PAN recupere terreno.

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