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Emmanuel Carballo (1929-2014)

AKANTILADO

A fines de 2006 tuve la oportunidad de conocer personalmente al destacado crítico literario mexicano Emmanuel Carballo, fallecido apenas el pasado domingo 20 de abril, con motivo de la presentación (a mi cargo) en Culiacán de su libro Diario Público. 1966-1968 (CONACULTA, 2005). A Carballo lo conocía y admiraba por su libro Protagonistas de la literatura mexicana (1965), un clásico de nuestras letras que reúne deliciosas entrevistas con importantes escritores del siglo pasado (Martín Luis Guzmán, Alfonso Reyes, Vasconcelos, Salvador Novo, Elena Garro, Julio Torri, Juan José Arreola, Rosario Castellanos, Carlos Fuentes, entre otros), una obra que todo periodista literario o amante de la literatura debería leer y releer. También, debo decir, le temía por su fama de ser un crítico implacablemente sincero, rayano en la descortesía, rijoso y hasta imprudente. Me preocupaba que a la mitad de la presentación me arrebatara el micrófono para darme una paliza discursiva. Alguna vez contó que en su infancia se encontró frente a frente con otro niño vecino suyo, y luego de mirarlo por unos segundos le dijo: "¡qué feo estás!". El ofendido huyó y nunca más volvió a hablarle. En ese momento entendí, confiesa Carballo, que estaba destinado a decir la verdad y a convertirme en crítico.

Si con su pluma era un crítico literario despiadado, dolorosamente honesto, en el trato personal resultó ser, por lo que a mí concierne, un individuo muy afable, risueño, observador, alegre, interesado en escuchar sobre la literatura local, generoso con su conversación y sus enseñanzas. Si hay una palabra que se ha repetido entre amigos, lectores y personajes del mundo cultural, a propósito de su muerte, es la palabra "generoso", sobre todo con los jóvenes. En los años sesenta, por ejemplo, Emmanuel Carballo animó y contribuyó a que los nuevos escritores del siglo XX (jóvenes como Salvador Elizondo, Sergio Pitol, José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis, José Agustín, Gustavo Sainz…) escribieran y publicaran sus autobiografías precoces, las cuales darían cuenta del proceso creativo de cada uno de ellos; escritores que con el tiempo ratificaron el certero olfato crítico de Carballo.

Con la aparición de su columna Diario Público en 1966, en el diario Excélsior, Emmanuel Carballo representó, junto a Daniel Cosío Villegas, a nuestro primer abogado real, en ejercicio, del derecho a la información. Ambos, uno en la literatura y el otro en la política, abonaron el camino de la crítica directa, penetrante, clara e irreverente. Incómodos pero necesarios. La disputa enriquece a la literatura. Sin embargo, por eso el crítico suele perder amistades, ocurre que en México no se la tolera. Quien confronta las opiniones o la creación artística de otro, es visto como pendenciero y traidor. En el país de la unidad nacional el crítico es el apóstata del consenso, el iconoclasta de un país que se vanagloria de sus espejos institucionales. Basta leer las expresiones del escritor Fernando del Paso contra Emmanuel Carballo, quien se atrevió a criticar su novela José Trigo, y no la designó, ni a ninguna otra, para concursar por el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos en 1966, del que Carballo formaba parte como miembro del jurado nacional de México. A pesar del tono del novelista, Carballo no cae en el juego. Educado en la argumentación, la respuesta del crítico al novelista es elegante y juiciosa. Con paciencia, deshilvana los cuestionamientos sin andarse por las ramas. Decía Emerson que el "fin de la elocuencia es alterar en un discurso de dos horas o quizá de media hora las convicciones y las costumbres de los años".

La prosa de Carballo es bastante elocuente, que no retórica, pues remueve y cuestiona los malos hábitos de ciertas lecturas, así como las deficientes apreciaciones críticas de los aficionados. Si el orador quiere volcarnos a la acción, el crítico elocuente quiere volcarnos al entendimiento de una obra de arte. Con consistencia teórica, y sin olvidar que escribe literatura, Carballo estudia, y nos lee, Pedro Páramo, El llano en llamas, Cien años de soledad, Los recuerdos del porvenir, Farabeuf, por citar algunos ejemplos. Carballo entra con seguridad en la realidad estética de la obra y su estilo conversacional de ensayista hace que el lector camine con él.

Los diarios, las memorias, las entrevistas y las autobiografías no sólo ayudan a comprender la vida de muchos escritores, contribuyen también a iluminar una época. En las páginas del crítico Carballo están la literatura, la filosofía, la política, los valores estéticos, las preocupaciones, los amigos y los amores de toda una época. Testigo privilegiado de la literatura mexicana. Hombre de vasta cultura. Hombre de letras y un ameno francotirador de ideas.

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