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En su correcta perspectiva

SAPIENZA

Muchas vidas cambiarían si las flores que abundan en un funeral se hubieran mandado en vida. Cuando alguien parte, lamentaremos no haber dicho esas palabras de aliento que tanto le hicieron falta en vida, lamentaremos no haber tomado su mano ni haber pasado momentos felices a su lado. Ya no podrán tenerse esos pequeños detalles que la hubieran hecho sonreír y saldrá sobrando cuanto se diga porque quien parte no podrá escuchar nada. Por eso hay que decirlo ahora, cuando se vive. La música se hizo para escucharla juntos y disfrutarla. Se hizo para compartirla. Si la gente que parte pudiera hablar después de haberse ido, diría que preferiría haber escuchado esas palabras cuando pudieron haber sido oídas. Preferiría que las plegarias se dijeran cuando eran más necesarias –para bendecir o para agradecer— y diría que hubiera preferido que la gratitud se mostrara cuando podía ser apreciada. Diría que preferiría que las lágrimas derramadas ahora hubieran sido sonrisas compartidas. Las prisas de la vida nos impedirán compartir una fecha especial, pero de alguna manera encontraremos tiempo para emprender ese viaje apresurado a fin de poder decir el último adiós a quien no podrá escucharnos. Enviamos el más costoso arreglo floral, no para agradar a quien ya no puede verlo, sino para acallar nuestra consciencia al saber que en vida una sola flor hubiera bastado. La partida de alguien querido –súbita o esperada— nos hace ver que después de todo el tiempo que compartimos nunca fue suficiente. Lo sabemos. Siempre lo hemos sabido pero actuamos como si el tiempo lo tuviéramos comprado, como si la vida fuera para siempre. Y lo mismo va para quien parte como para quien se queda porque unos y otros dejan cosas inconclusas. Parece que nunca podemos darnos el tiempo para lo que es importante. Pareciera que las cosas importan más que la gente. Pero un día inevitablemente llegará la muerte, y entonces tardíamente apreciaremos la vida en su correcta perspectiva.